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Ecos taínosDomingo, 17 de Abril de 2016 02:34 a.m.
Yo creo que a todos, las palabras maíz, maguey y tuna nos hacen evocar pintorescos paisajes mexicanos. En nuestra mente se dibujan campiñas en las que se levantan esbeltos maizales, huella viva de nuestro pasado prehispánico.

Imaginamos también, enormes nopaleras que vanidosas lucen sus atavíos de tunas o pensamos en un ejército de magueyes que, cual coronas brotando de la tierra, son promesa de un buen pulque.

No es raro entonces, que nos sintamos sorprendidos y hasta confundidos al saber que esta tríada de palabras, tan nuestras, no tienen origen en las lenguas que se hablaban en nuestro territorio. Son voces que fueron arrastradas por la historia desde las islas del Caribe y pertenecieron al pueblo taíno, el primer contacto de los indígenas americanos con los españoles.

Los taínos, pueblo de origen arawka, habitaban en las islas antillanas, principalmente en lo que hoy son Puerto Rico y República Dominicana. Las crónicas cuentan que eran nobles y de buen corazón, y ellos se decían a sí mismo “taínos”; que en su lengua quiere decir “buenos”, quizá para hacer contraste con los caribes, pueblo vecino belicoso que, según se dice, eran antropófagos. Justo por esta razón, a esta mala costumbre se la llamó caribalismo, que después se diría canibalismo y de ahí la palabra caníbal.

Cuando los peninsulares llegaron a tierras de Anáhuac, encontraron maizales en abundancia y, como los taínos ya les habían presentado esta planta con el nombre de maíz, no estuvieron dispuestos a aceptar tlaolli, nombre que usaban los hablantes de náhuatl. Es probable que la voz taína “maíz”, estuviera relacionada con “diente”, ya que en esta lengua, mahite significa “desdentado”, es decir… chimuelo. Hecho nada raro, ya que aún hoy, cuando alguien esboza una gran sonrisa dejando ver su blanca dentadura, decimos que “peló la mazorca”.

En lengua náhuatl, al fruto del nopal lo llamaban nochtli, pero los españoles, de los taínos habían aprendido que este fruto se llamaba tuna, que significa “la que guarda agua”. Este nombre le ganó la batalla a la voz nochtli y hoy nos comemos las tunas, aunque nos espinemos la mano.

Lo mismo ocurrió con maguey, nombre con el que los taínos conocían a la planta de la que se saca el pulque y que significa “el gran sol” (ma:grande,  guey:sol), seguramente porque su haz de pencas les recordó el resplandor del astro brillante. En lengua mexicana, su nombre era metl y si bien ya no le decimos así, usamos la palabra mecate, para nombrar a una cuerda fabricada con ixtle, fibras de metl.

No son pocas las palabras que heredamos de los taínos. Los evocamos cuando saboreamos tacos de barbacoa (tablado en donde se asaba la carne); o en la canción de Crí-Crí que dice: “Ahí va la hormiga, con su paraguas y recogiéndose las enaguas”, (de Inagua: Falda hecha de algodón que usaban las mujeres casadas entre los taínos). A estas voces podríamos agregar: cacique, tabaco, maraca, macana, güiro y muchas otras.

Todas estas palabras, algunas que consideramos muy nuestras, guardan el eco de los taínos, aquel pueblo que fue la primera víctima del choque entre dos mundos.
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