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Ecos del cosmosDomingo, 28 de Enero de 2018 01:21 a.m.

Brillante y esclarecida, la luna llena nos invitaba a mirarla aquella noche. Carlos Patricio, a sus dos años, ensimismado, no la perdía de vista y nos dejó saber sus misteriosos pensamientos cuando, después de un rato, exclamó: “no she cai”. ¡Vaya!, tan pequeño y ya tenía un conflicto con la ley de gravedad. Así debió ser cuando los ojos de la incipiente humanidad vieron el cielo y se extasiaron con la luna, el sol y las estrellas, inundando su mente de preguntas.

Aprender a leer el cielo no ha sido fácil ni rápido; al paso de los siglos, diferentes ideas y creencias han tratando de explicar esa inmensidad que es el cosmos y, huellas de esos intentos, podemos descubrirlas en el lenguaje.

Por mucho tiempo prevalecieron las ideas griegas pregoneras de que la Tierra era el centro del cosmos y todos los astros giraban en torno a ella. Por eso, a esa “totalidad” se la llamó universo, que se forma de uni ‘totalidad’ y verto ‘girar’; o sea, que, literalmente, universo significa “la totalidad que gira”; en este caso, alrededor de nuestro planeta. La ciencia terminó con esta creencia, pero la palabra se conserva y es huella de esa antigua y obsoleta teoría.

Del universo, los griegos apreciaron el orden y la belleza, por eso para nombrarlo usaron la palabra “cosmos” que justo encierra estos conceptos. Entenderán ahora por qué a esos menjurjes que las damas usan para embellecerse los llamamos “cosméticos”.

La primigenia voz ster nombraba a los cuerpos celestes; de ahí en griego se dijo astro y en latín stella, que en castellano dio “estrella”. En diferentes culturas se tenían por divinidades que regían la suerte de los mortales; creencia que, de algún modo, subsiste entre quienes con ingenuidad buscan conocer el futuro en los horóscopos. Todavía se habla de que alguien nace con buena estrella; o si somos víctimas del infortunio, decimos que ocurrió un desastre, es decir, nos quedamos sin la protección de los astros, según creían los antiguos. También “considerar” es de esta familia, viene del latín considerare, de sideris, otro nombre para las estrellas. En origen era observar con minuciosidad los astros para hacer un vaticinio, pero luego tomaría el significado de analizar con detalle una situación para hacer un buen juicio sobre ella.

De particular belleza es ese cúmulo de estrellas y polvo estelar que a los griegos les pareció leche derramada; por eso lo llamaron “galaxia”, que justo significa eso: ‘de leche’. Siguiendo la misma idea, en latín se dijo vía láctea, ‘camino de leche’, y lo curioso es que, al paso del tiempo, aunque significan lo mismo, hoy galaxia es nombre genérico para todos los sistemas gravitacionales de estrellas; mientras que vía láctea se mantuvo en exclusivo para la galaxia a la que pertenece nuestro planeta.

La luna, en latín losna, debe su nombre a la raíz lux que encierra el concepto de “brillo”. Así que con propiedad podemos decir que la luna es “la brillosa”, además de ser el satélite de la Tierra. Por cierto que, en su origen, los satélites o satelles (palabra derivada del etrusco satnal) eran los guardias o escoltas que en la sociedad romana protegían a los personajes importantes. De ahí, por metáfora, llamaron satélites a los cuerpos celestes que, como buenos guaruras, no se les despegan a sus respectivos planetas.

¡Qué irreverencia! Tratar de explicar con un destello de lenguaje las voces que llegan de la inmensidad del universo, pero bien mirado, así de breve es el eco del cosmos cuando nos habla desde la luz de una estrella fugaz.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos



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