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Ecos de una posadaDomingo, 24 de Diciembre de 2017 00:56 a.m.

Hoy llamamos “posada” a cualquier fiesta navideña, pero las tradicionales son celebraciones religiosas que recuerdan el peregrinar de José y María por las calles de Belén en busca de un lugar donde reposar, o sea, de una posada, palabra que viene del latín pausaré, ‘detenerse’.

Hablando en nombre de José, un grupo de vecinos tocan las puertas de otros pidiendo posada mediante cánticos ya sabidos por todos. Tras varias “decepciones”, finalmente, una puerta previamente convenida se abre y entonces todos cantan: “Entren, santos peregrinos, peregrinos…” y de inmediato empieza la fiesta. Docenas de tamales son sacrificados, se bebe ponche caliente, se reparten dulces y al final se rompe la piñata.

Para explicar la palabra piñata, vale empezar recordando un pasaje de El Quixote en el que se habla de la procedencia de esta palabra: “Pero dígame vuesa merced, señor mío, y no digo esto porque quiero examinar el ingenio de vuestra merced, sino por curiosidad no más: ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar piñata? –Sí, muchas veces –respondió el autor–. –¿Y cómo la traduce vuestra merced en castellano? –preguntó don Quixote–. –¿Cómo la había de traducir –replicó el autor– sino diciendo ‘olla’? –¡Cuerpo de tal –dijo don Quixote–, y qué adelante está vuesa merced en el toscano idioma!”.

Sin duda, Cervantes dejó muy claro, desde el lejano 1615, que “piñata” es palabra que llegó del toscano, un dialecto de Italia, y su significado original es “olla”. La llamaron así por la semejanza geométrica con las piñas que dan los pinos.

Con el texto referido nos enteramos también de que, por aquellos años, “piñata” era de poco uso, y por lo tanto poco conocida en España. No obstante, al paso del tiempo la palabra fue ganando terreno, esto se infiere de lo que dice la edición de 1736 del diccionario: “Piñata: Lo mismo que olla o puchero. Es voz italiana pero ya muy usada en castellano”. Pero, ¿cómo fue que esta palabra pasó a nombrar al vistoso artefacto colgante que está condenado a ser destruido a palos por agresores de ojos vendados?

En los albores de la época colonial, una de las tácticas que usaron los monjes para catequizar a los indígenas fue pegarle a una olla que representaba el mal. Pero mejor dejemos a fray Juan de Grijalva, monje del Siglo XVI, que nos lo cuente: “La olla, revestida vistosamente representa a Satanás o al espíritu del mal, que con su apariencia atrae a la humanidad. La colación que encierra, los placeres desconocidos que ofrece al hombre para atraerlo a su reino. La persona vendada, a la fe, que debe ser ciega y que se encargará de destruir al espíritu maligno. El conjunto: la lucha que debe sostener el hombre valiéndose de la fe, para destruir las malas pasiones”.

En esta descripción, Grijalva no usó la palabra “piñata”, él dijo olla; pero es fácil deducir que fue cuestión de tiempo para que, algún fraile agustino con raíces italianas o cuando ya la voz “piñata” había prosperado, se usara esta palabra para nombrar al entrañable objeto. De otras fuentes se sabe que los tradicionales siete picos que le dan su peculiar figura, ampliaron la metáfora y representaron los siete pecados capitales a los que también había que darles de palos.

Una vez convertida en tepalcates, la piñata da su ofrenda de dulces y los niños luchan a muerte por ellos. Es momento de beberse una última taza de ponche que, como dijo Juan Villoro, es el mejor sistema de calefacción de los mexicanos para protegerse del frío invernal. Pocos saben que la palabra nos llegó de muy lejos, desde tierras asiáticas, donde en lenguas emparentadas con el sánscrito pânch significa “cinco” y por eso así llamaban a una bebida compuesta de cinco ingredientes: Té, azúcar, canela, limón y desde luego, aguardiente. De pânch, en inglés se dijo punch y en castellano “ponche”.

La posada terminó y los vecinos se retiran. Yo también lo hago. Hay que descansar para estar en condición porque es diciembre y las fiestas seguirán por varios días.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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