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Ecos de la esclavitudDomingo, 21 de Mayo de 2017 00:49 a.m.

El Siglo X no fue nada agradable para el pueblo eslavo. Las huestes romanas les echaron el ojo y a una gran parte de ellos los tomaron como trabajadores sin goce de sueldo. A tal grado fue el asunto que la voz eslavo, modificada a esclavo, quedó para nombrar a quienes se convertían en propiedad del gran señor que pagaba por ellos.

La cosa no terminaba ahí, porque en el momento en que los eslavos eran capturados para venderlos como esclavos, los milites elegían un sitio y ahí clavaban una lanza. Al pie de ella, colocaban todas las pertenencias de los recién capturados para ofrecerlas al mejor postor. De ahí nació la palabra subasta, que justo significa eso “bajo el asta, es decir: bajo la lanza”; voz que aún usamos con un significado muy apegado a su origen, aunque claro, ya sin necesidad de una lanza clavada.

Buen negocio era para los señores eso de comprar esclavos, porque cuando estos se apareaban, en pocos meses nacían esclavitos que se agregaban a sus propiedades. Al esclavo que nacía en casa, lo llamaban verna y en diminutivo vernáculo. Viene a significar algo así como: ´de la propia cosecha´. Con el paso del tiempo, esta palabra se desligó de la esclavitud y hoy la usamos para referirnos a rasgos que son propios de un pueblo o país. Por ejemplo decimos: música vernácula, etc.

Para el esclavo no todo estaba perdido. aunque era muy difícil, con un poco de paciencia y suerte podía ir juntando un dinerito que en cierto momento le permitiera comprar su libertad, o si no, esperar a que el amo se compadeciera y se la otorgara; aunque sólo fuera porque, ya demasiado viejo, le salía más caro al señor mantenerlo que liberarlo. En la España medieval, cuando algún esclavo conseguía ser libre, le daban su certificado de libertad al que llamaban carta de horro, voz derivada del árabe hurr que justo significa libre. Para referirse a la acción de liberar a un esclavo, en latín se usó el verbo manumittere, que en castellano dio manumitir, literalmente “arrojar de la mano”, en este caso, a un esclavo.

Sorprende saber que una palabra relacionada es ‘ahorrar’, que en su original definición, era: “Dar libertad a un esclavo”. Aunque luego se aplicó a otro tipo de liberaciones, por ejemplo: liberar a alguien de una deuda, de un compromiso o de un trabajo. La metáfora se amplió y entonces se dijo ahorro al dinerito libre, es decir, que “se salvaba” de los gastos normales que se hacían y se guardaba para momentos de necesidad u oportunidad. ¡Qué paradoja!, en aquellos tiempos en que no había bancos, para mantener el dinero libre, que eso significa ahorro, tenían qué mantenerlo encerrado en un agujero o debajo de un colchón.

Parece que cuando hablamos de esclavitud, lo hacemos de una historia muy vieja y muy lejana, pero fue apenas en el Siglo XX cuando nos dijeron que por fin la humanidad se había librado de tal perversión. Nos mintieron, porque la calamidad sigue ahí: con otros nombres, invisible para la justicia que no la ve o no le conviene verla, amenazante y mucho más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar.



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