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Dinasta regiomontanoLunes, 12 de Agosto de 2019 02:00 a.m.

Licenciado Héctor Humberto Covarrubias y Quiroga. Lo vi por primera vez en Saltillo en 1986 en el parque Francisco I. Madero, en una serie de Playoffs: Saraperos Vs. Diablos Rojos.

Dicen que la primera impresión es la que cuenta y, en esa ocasión (como siempre), vestía un traje obscuro y, a su muy personal estilo, su saco descansaba en sus hombros cubriendo su espalda, como un sello de distinción.

Después charlamos y me invitó a un programa en lo que hoy es TV Azteca Noreste... creo que era el Canal 8 en la Colonia México.

‘Cancha y diamante’ era el nombre del programa, y nosotros participábamos en un espacio de cinco minutos que nos daba todos los lunes a las 21:30 horas... y veníamos desde Saltillo para participar en nuestra tierra.

Pero eso no era todo, era director de una escuela secundaria (Doctor Jaime Torres Bodet) y conducía el noticiero matutino de Grupo Radio Alegría, acompañado de Carlos Saucedo Rubí.

Esos noticieros matutinos tenían en suspenso a su auditorio, que los escuchaba, no nada más dando la noticia, sino comentando el diario acontecer de nuestra ciudad.

Pocas personas he conocido con una enorme capacidad de entusiasmo y trabajo, y que reparten además su tiempo con lo más sagrado para ellos: su familia, como lo hace Héctor Humberto.

Su carga de trabajo no tiene límites y transita diariamente en ocupaciones varias, como es el ser presidente de la Asociación Nacional de Locutores, región norte de México, con excelentes resultados, ya que los compañeros locutores han votado a su favor constantemente con la estancia repetitiva del licenciado Covarrubias y Quiroga.

Amigo de la vieja guardia de todas las grandes estrellas radiofónicas del pasado, carismático y sencillo, navega en el mar del buen trato, pero también de la información.

Orgulloso de su linaje radiofónico, su ejemplo más grande es su padre, el que fuera gran actor y locutor de radio, Mario Fernández, reconocido en sus radionovelas como el ‘Ojo de vidrio’ en la XET.

Cronista deportivo, Director de ‘Café político’ por más de 15 años y presidente de la Asociación Nacional de locutores, no es cualquier actividad.

Su profundo amor por la familia le ha llevado a ser ejemplo de esfuerzo y trabajo para sus hijos, que lo han visto como un extraordinario ser humano... ¡y lo es!

Me ha tocado compartir micrófonos narrando beisbol en múltiples ocasiones varios años con mi amigo Humberto, y acuso recibo de excelencia en su enorme conocimiento deportivo en su especialidad, y por su frase que deja huella: “Por amor al beisbol”.

La gente que le ha quedado a deber en el beisbol pasa de noche por su vida y, al revés, tan sólo les da las gracias... esa es educación de muy alto nivel.

Para Héctor Humberto Covarrubias y Quiroga la vida es como el beisbol: emotiva, sorpresiva, exige mucho esfuerzo y dedicación, pero él sabe que también premia la persistencia y la tenacidad.

Vivir la vida sin el comparativo del beisbol no tendría sentido, dice Héctor Humberto, porque tus valores como ser humano se ponen en juego y tu máxima virtud, que es la honestidad, desaparecería de tu vida, y la vida sin valores no es vida, es por eso que mi éxito (si es que lo puedo considerar como tal) está sustentado en la familia, máximo rector de nuestra sociedad.

Su padre Don Mario Fernández (el famoso ‘Ojo de vidrio’) era todo un bohemio... y como a su hijo también le gustaba la trova mexicana, y con un buen motivador de Gay-Lussac, afloraba la voz de tenor, y con ella el pensamiento y la poesía. No puedes separar (decía Don Mario) la vida del arte y del canto, como tampoco el beisbol, porque sin él la vida sería mecánica y aburrida. Por eso cuando te esfuerzas por la familia lo haces por amor, como el beisbol... “Por amor al beisbol”.

La vida y el beisbol son como los altares de las iglesias: “Hasta el más puro y limpio mantel de los altares desecha basura”.

La vida no vale la pena vivirla sin errores, porque el caerte es el levantarte a diario en la vida... y si no aceptas el reto de seguir te quedas en las bases y no anotaste carrera.

Salimos de la oficina de Héctor Humberto meditando y nos dejó pensativos, sus hijos todos profesionistas y triunfadores, ven en él a un guerrero y sienten que con esa clase de ejemplos -sin duda- van por más.

Los amigos personales de Héctor Humberto son pocos: “Los cuento con los dedos de mi mano”, dice... “y me sobran dedos”.

Pero de algo estoy seguro, la vida no la puedes vivir sin compartir y ayudar, porque eso es lo que le da sabor a la existencia, dice, porque termina diciendo: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Vaya lección de vida, cronista deportivo, director de noticieros, maestro de escuela, conductor de ‘Café político’, locutor cantante... y ahora hasta filósofo.

Ni hablar, ya lo dijo el filósofo de mi rancho: “Caras vemos, corazones...”.


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