icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Di no a Mussolini Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 24 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.

Debe ser la primera vez en mucho tiempo que se menciona la figura de Mussolini en una conferencia mundial en un organismo que en teoría se dedica a preservar la paz entre las sociedades.

No puedo pensar en un gaffe mayor que unir el nombre de Benito Pablo Juárez García con uno de los animales políticos más enfermos de la historia, con el simple objetivo de quedar bien ante no sé quien. Andrés Manuel López Obrador ha caído en una demagogia tan brutal que hace mal a cualquier democracia. Si bien la referencia fue anecdótica, dudo que el presidente tenga a Mussolini entre sus héroes. Si conjugó ambos nombres fue por un notorio deseo de asumirse como un hombre de mundo, que a todas luces no es. Es necesario recordar quien fue tan desgraciado personaje, no vaya a ser que alguien lo considere ejemplar porque fue mencionado sin contexto por un líder nacional.

No pretendo dar una lección de historia, pero temo que alguien confunda las peras con las manzanas del fascismo. Mussolini fue famoso por varias cosas, entre ellas por su obsesión por el poder, por arrasar a grandes sectores de la sociedad en pro de su afán de imponer su autoridad. Para esto dinamitó la democracia, anuló la opinión de sus contrarios, de las minorías, no solo los anuló, sino que los asesinó a la vista de todos. Creía en la disciplina de partido, odiaba las opiniones que no le favorecían, para esto hacia uso de una violencia de Estado que estaba legitimada en su figura. La unidad de Mussolini fue la muerte de la sociedad plural.

Mussolini fue un cerdo de la historia enamorado de su propia imagen y estaba dispuesto a sacrificar a sus ciudadanos en nombre del poder del Estado. "Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada en contra del Estado", fue uno de sus lemas; un lema que más allá de lo retórico generaría una cantidad de sangre y miedo que aún hoy recordamos como una de las peores pesadillas de la historia.  El Estado debía cohesionar la vida del ciudadano, envolverlo, y si había que hacer sacrificios debían estar enfocados en complacer al Estado que se resumía en la figura del tirano. Mussolini creía saber mejor que los demás lo que le convenía a la gente, y para esto despreció el poder de la autodeterminación, ridiculizó las voces que lo retaban y acabó con ellas. Así, artistas, intelectuales, pensadores, periodistas, activistas, profesores, eran vistos con recelo. Si no se alineaban con los postulados del Fascismo debían ser vigilados, condenados a la muerte social y en último caso eliminados.

El fascismo caló hondo en la cultura, cuando fue lo suficientemente fuerte, se dedicó a incrementar su poder en Europa, arruinando o ayudando a eliminar movimientos históricos tan nobles como el de La Segunda República Española aliándose nada menos que con Hitler y Franco.  

En este tipo de gobiernos la gente no existe a menos que esté dispuesta a entregar su vida al partido, al caudillo. Sin ese sacrificio, simplemente no pueden ser parte de la sociedad. Fueron dañinos, fueron asesinos, fueron bárbaros, fueron lo peor que ha dado Europa en los últimos siglos. No es una broma mencionarlo sin contexto, menos en una conferencia internacional. A nadie le parece una gran idea que se una el nombre de Mussolini al de un prócer tan valioso como Juárez.

A quién me lea propongo que diga no a Mussolini. Es momento de reforzar a la sociedad en la pluralidad y en la conciencia del otro, no en torno a Estados obsoletos ni a caudillos trasnochados. ¡Viva la libertad!

OpenA