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Clima
Depresión artificial del precio del oro: ¿maldición o bendición? Por: Guillermo Barba Guillermo BarbaLunes, 7 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

En muchos sentidos, 2021 será para el mundo lo que 2020 debió ser: un año de crecimiento. Este año ha sido tan sorpresiva y extraordinariamente malo a causa de la pandemia, que el inevitable rebote del que viene –sumado a factores como la vacunación masiva y el inicio de la primavera en marzo–, acelerará una ola de optimismo que en el ámbito financiero se reflejará en los índices bursátiles y otros activos de riesgo como el peso que se revalorizarán.

En un mundo en el que las tasas de interés están de nueva cuenta en mínimos históricos cercanos a 0%, la casi nula obtención de rendimientos en instrumentos tradicionales considerados de "bajo riesgo" empuja a los inversores a buscar ganancias en mercados más riesgosos.

Esto no sería ningún problema en un mundo de mercados libres en el que dichos tipos de interés estuvieran en cero debido a un exceso de ahorro. ¡Pero no es el caso!

Y es que como en cualquier mercado, en el de dinero a mayor oferta de ahorro del público las tasas de rendimiento de los bonos tenderían a bajar hasta desincentivar ese ahorro excesivo e inducir a más consumo, y a la inversa: a menor oferta de ahorro por parte de los inversionistas las tasas tenderían a subir hasta atraer más de esos recursos.

Sin embargo, en el sistema monetario actual el libre mercado de dinero no existe más.

Corrupción monetaria y explosión del precio del oro

Los bancos centrales  –y en especial el más importante de todos: la Reserva Federal estadounidense–, se han convertido en los nuevos "planificadores centrales" al estilo de la Unión Soviética. Ahora, son esas autoridades monetarias las que deciden de manera central que las tasas de interés son "demasiado elevadas" y manipulan el mercado comprando bonos como si se tratara de millones de ahorradores invirtiendo sus recursos, cuando en realidad, es "dinero de la nada" que ellos crean con la ley en la mano.

No hay exceso de ahorro, sino una creación desenfrenada de crédito y deuda.

Este "pecado" de corrupción monetaria, no obstante, no permanece impune gracias al "dinero de Dios": el oro.

El rey de los metales, el dinero por excelencia que fue elegido espontáneamente a lo largo de la historia en todo el mundo por los comerciantes en sus intercambios, les hace ver su suerte.

Esa permanente creación (corrupción) monetaria de los bancos centrales, se ve reflejada en una lenta pero consistente apreciación de los activos reales en forma de "inflación". En ningún otro activo esto es más evidente que en el oro, cuyo precio como tendencia mayor de largo plazo es siempre ascendente.

No podría ser de otra manera en un clima de "tsunamis" de divisas fíat que ya ni siquiera son de papel, sino digitalmente creadas al infinito, mientras que la demanda de oro queda siempre insatisfecha porque no puede ser creado de la nada.

Con la inflación monetaria universal la demanda de oro crece de forma exponencial, mientras su oferta material sólo aumenta unas 3,500 toneladas extraídas por año. Esta "escasez" relativa es la que induce al error de creer que el oro es valioso por ser "escaso", cuando en realidad es la materia prima más abundante de todas en términos de inventarios. Siempre hay oro disponible... al precio correcto.

¿Por qué entonces no explota al alza en automático el precio del oro? Porque a través del mercado de futuros los bancos centrales manipulan los precios de referencia mundial creando una falsa apariencia de sobreoferta del metal. Esa falsa abundancia es sólo en papel, no material.

Mantener un deprimido precio del oro es vital para la sobrevivencia de la divisa de reserva mundial, el dólar, pues si se permitiera su debacle ante el oro, el mundo entero abandonaría esta moneda para desgracia de la economía estadounidense y su costoso ejército.

Pero a pesar de los esfuerzos de los bancos centrales, nada ha impedido que el precio del oro confirme su tendencia alcista de largo plazo, misma que inició con el actual siglo en un precio de sólo $250 dólares la onza, pero que ya ha rebasado los $2,000 dólares en 2020.

Sobra decir que por esta razón de fondo, el oro en forma física –amonedada o en lingotes– es el único activo INDISPENSABLE en cualquier cartera de inversión financiera.

Desde esta óptica, la manipulación del precio del oro es más una bendición que una maldición, pues nos permite a los prevenidos, comprar el activo más valioso a precio de ganga, con lo que protegemos nuestro patrimonio de las corruptas decisiones de nuestros gobernantes.

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