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Defender la alegría Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 3 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

"Defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas". Este es el inicio de uno de los poemas fundamentales de nuestra lengua, Defensa de la alegría de Mario Benedetti. El poema esta vivo y nos reta a lo mismo que nos retó todo este año que parece que no va a terminar nunca. El poema nos reta a tener la fuerza de ser valientes ante un mundo desquiciado. 

El poema parece música, se queda en el oído de quien lo escucha, es un canto de rebeldías necesarias que nos despiertan. Benedetti es así, un poeta que tira piedritas en la ventana para que despertemos a esto incomprensible que se llama vida. Mario sabe que vamos tarde, que la realidad esta tomada por fuerzas oscuras; quizá por esto su obra y su vida fueron una lucha interminable. Y es que este año nos ha rebelado eso mismo que rebela Benedetti: hay cosas que defender.

En El ensayo sobre la ceguera, una de las novelas mejor escritas del siglo pasado, José Saramago también entiende que esto que se llama realidad nos asfixia y nos agobia. Nos informa lo que no nos dice nadie más, ni las academias, ni las religiones, ni los estados, ni las publicidades: somos frágiles. Como recordarán, Saramago plantea un mundo al límite en el que una misteriosa enfermedad golpea las certidumbres hasta derribarlas por completo. En este contexto aparece una heroína inesperada; la mujer del médico, inmune a la enfermedad, a la ceguera colectiva que ha diezmado a todo mundo, se ve obligada a cuidar a sus semejantes en un momento de crisis. Debe guiarlos en medio de la oscuridad más densa, llevarlos en medio del naufragio social. En una escena en particular, luego de muchas penurias en medio de un mundo roto por todos lados, los caminantes encuentran agua, agua simple y pura. Los caminantes deciden brindar con agua, reencontrarse en lo que nunca debimos perder. Benedetti y Saramago nos urgen a movilizarnos, el mundo tal y como lo conocemos no puede seguir como va.

Esta defensa de la alegría que el poeta y el escritor abren ante nuestra vista, se contrapone a lo que nos venden como alegría por todos los medios a los que estamos expuestos. No me voy a esconder lectora, lector: estoy harto de la mercadotecnia, estoy harto de la publicidad enferma que atenaza nuestra mirada desde hace ya tanto tiempo. El modelo de consumo compulsivo y su aliado terrorífico llamado publicidad indiscriminada sólo ha provocado ansiedad y locura social. En un mundo al límite como el que experimentamos en 2020, es necesario apelar a la sensibilidad, no a la ficción enferma de la compra y el consumo como aquello que nos visibiliza en el mundo. Es urgente establecer una defensa de la mirada, descreer de los modelajes y las pasarelas, negar el deseo de sobresalir apuntalados en nuestra apariencia. Es necesario ridiculizar las estrategias comerciales que nos dictan la compulsión publicitaria como forma de vivir la vida. Este año roto nos entregó lo otro: la posibilidad de bucear en otras alegrías, en la alegría del viento en la cara, en la alegría de la conversación y el recuerdo, en la alegría propia de la rebeldía que no se deja iluminar por falsos fuegos publicitarios que todo lo que desean de nosotros es dinero y nada más. "Defender la alegría como un derecho, defenderla de Dios y del invierno de las mayúsculas, de la muerte, de los apellidos y de las lástimas del azar, y también de la alegría".

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