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De todo hay, como en boticaDomingo, 2 de Agosto de 2015 02:30 a.m.
Algo extraño ocurrió en la edición 1983 del diccionario. Las palabras con “b” dieron la bienvenida a ‘boutique’; voz que, a pesar de ser francesa, fue aceptada porque los hablantes hispanos la adoptaron para referirse a esas tiendas que venden artículos de moda. Se armó la pachanga y, como si el destino quisiera jugar una broma macabra, en la misma mesa se sentaron botica, bodega, bodegón y la francesita boutique. No sé si ustedes sepan, pero para romper el hielo, las palabras acostumbran contar su historia. Así sucedió en aquella mesa y entonces fue cuando se puso bueno.

Bodega se presentó como palabra del castellano viejo y recordó que primero fue nombre del lugar donde se almacenaba el vino. Divertida, recitó un fragmento de “El monje borracho”, que Gonzalo de Berceo escribió en 1246, uno de los más antiguos textos en que aparece: “Entró enna bodega un día por ventura, / bebió mucho del vino, esto fo sin mesura; / embebdóse el loco, issió de su cordura, / yogo hasta las viésperas sobre la tierra dura”. Bueno, así era el castellano de aquellos tiempos. Contó que después, fue ampliando su significado: bodega fue el espacio que hay bajo la cubierta de los barcos para almacenar la carga y luego lo que hoy sabemos, el espacio cerrado para almacenar cualquier tipo de mercancía. De su origen, Bodega sólo sabía que procedía de “apotheca”, palabra que usada por los romanos con significado similar.

Bodegón dijo: “Como ya sabrán, yo soy nombre de una obra pictórica en la que hay una mesa con frutas, carnes y, a veces, flores. Pero, ¿no les parece extraño mi parecido con bodega?”. Tras la intrigante pregunta, contó que en origen fue un tendajo que se colocaba al frente de las bodegas para vender comida a los clientes que iban por vino y de ahí su nombre. Después, estos bodegones se instalaban en cualquier esquina o plaza. Eran comederos de poca monta, apenas una mesa sobre la que se ponían frutas, liebres y aves muertas, pan barato y otras cosas de poco precio que pudiera pagar la gente de pocos recursos que ahí acudía a comer. No está claro quién fue el primero, pero algún pintor de la época, tuvo la ocurrencia de pintar escenas de esas mesas con sus frutas, animales muertos y copas de vino, y por eso fueron llamados bodegones. Terminó diciendo: “Así que ya ven, mi nombre lo tomé de bodega y pasé de ser un puesto de comida a una obra pictórica. Nada mal, ¿no creen?”.

A botica no se le veía contenta, para esas fechas había visto pasar sus mejores años. Con semblante triste comentó: “No había pueblo que no tuviera una botica. En ellas la gente buscaba el remedio para sus males, los boticarios conocían el arte de preparar las medicinas y llegaban a confiar más en ellos que en los médicos. En tiempos más antiguos, aparte de medicinas, las boticas vendían comestibles, ropa y todo tipo de accesorios, circunstancia que dio origen al dicho ‘de todo hay, como en botica’. No hace mucho llegaron las farmacias y las boticas empezaron a desaparecer. Hoy casi están en extinción”. Sorprendida comentó que, como bodega, su origen también es “apotheca”, palabra que los romanos usaban para referirse a un almacén. De hecho, al que fue boticario por muchos años lo llamaron “apotecario”.

Con su acento afrancesado, boutique comentó que en francés primero fue ‘‘bouticle’’, y era un establecimiento en el que se vendía ‘‘de todo’’. Con el tiempo, ya como boutique, pasó a nombrar a tiendas de tamaño modesto y, en particular, a las que venden ropa y accesorios de moda. Sobre su origen dijo: “¿Ya se dieron cuenta que somos familia?, no es casualidad nuestro parecido, yo también tengo origen en ‘apotheca’, que se usaba en latín como ‘almacén’. Pero déjenme decirles que nuestra madre no es romana, es la griega ‘apoteke’, formada de apo ‘alejar’ y teke ‘almacén’, que en el fondo eso somos”.

Emocionadas lloraron, se abrazaron y bodegón ya un tanto pasado de copas hizo un brindis: “Va por mi madre bodega, mis tías botica y boutique y de una vez por mi abuela apoteke… ¡Salud! ”.
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