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De senadores, escándalos y tropezonesDomingo, 8 de Febrero de 2015 01:15 a.m.
Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo, muchas culturas antiguas eran de esta idea y por eso los ancianos ocupaban un lugar preponderante en el gobierno de los pueblos. No se ponía en duda que los años vividos, los proveían de experiencia, sabiduría y buen juicio. La sociedad romana no fue la excepción y, desde etapas muy tempranas, instituyeron su consejo de ancianos, circunstancia que daría origen a muchas de nuestras palabras.

En latín, la voz senex significaba anciano; y por eso a este consejo se le llamó senado y a quienes lo integraban: senadores. Del mismo origen sobreviven palabras como: senectud y senil, que encierran la misma idea de ancianidad.

Entre los senadores, no todos estaban igual de viejos; así que, en el mismo latín; se acuñaron las voces comparativas: senior ?los más viejos de los viejos? y junior ?que eran los viejos más jóvenes?.

Estas palabras aún se usan en las empresas para diferenciar niveles entre ejecutivos de acuerdo a su experiencia, los hay senior y junior, palabra, hijo que llevan el mismo nombre.

La palabra senior evolucionó y adquirió un sentido reverencial, dando lugar en castellano a la palabra señor, después a señora y también a señorita, que etimológicamente ahora vemos que significa  ´viejita´; ¡gulps!, no está mal que lo sepan las damas que, cuando alguien les dice  ´señora ´, muy dignas ellas replican:  ´señorita por favor ´.

Las cosas cambian, ahora para ser señor o senador, ya no hace falta ser tan viejo ni tan digno. Para ser señor, basta con ponerse unos cuantos años y, para ser senador... es cuestión de estar en el momento adecuado, con las palancas adecuadas y no salirse del huacal; o más bien deberíamos decir del escaño; porque así se llama la silla que ocupan estos personajes. Por cierto, escaño tiene una historia interesante:

En una lengua tan antigua como el sánscrito, existió el verbo skandatti con el significado de  ´subir´.

De la misma raíz, en latín nació el verbo scando con el mismo significado de  ´subir, trepar o escalar´ dando origen a palabras como: escalera, escalar, escala y desde luego la palabra escaño.

En su origen, un escaño fue una tarima que bien podía servir para sentarse o aún para echarse una pestañeada y no quedar a ras del suelo. ¡Claro! Para eso había que subirse y por eso se le dijo escaño.

Con el tiempo, los escaños se hicieron parte importante del mobiliario de los grandes señores, que los mandaban hacer muy elegantes para que quedara bien claro quién era el que podía subirse ahí.

Después, los escaños diversificaron sus formas: fueron bancas largas para varias personas, fueron tarimas ataviadas para fines amatorios y también fueron sillas a manera de tronos, exclusivas para los magistrados. De ahí quedó que ahora, a las sillas de nuestros senadores las llamemos escaños.

Un parentesco curioso se da entre las palabras escaño y escándalo; ya que en latín scandalum era un obstáculo, como decir “una subidita”, que con mala intención se ponía a alguien para que tropezara, y del barullo producido por la caída escándalo tomó el sentido de alboroto. No es mala metáfora para los senadores saber que: del escaño, al escándalo y al tropezón... no hay mucha distancia.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
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