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De nadaDomingo, 25 de Noviembre de 2018 01:23 a.m.

Decía Gustavo Adolfo Bécquer: “El que tiene imaginación, de la nada saca un mundo”. ¡Qué frase tan retadora! Hoy no aspiro a tanto, así que me daré por bien servido si puedo, de la nada, sacar un modesto artículo.

En la nada no hay lugar para la existencia de algo, pero si en cierto modo la nada es algo; entonces la nada se niega a sí misma su existencia y… como ya me di cuenta de que están a punto de abandonar la lectura y quizá pensando: “este cuate de cuàl fumó”,  mejor dejo de “filozoncear” y les cuento de cómo, en diferentes lenguas, se ha acuñado la palabra que significa “nada”. 

Los griegos, fieles a su vocación matemática, para decir nada acuñaron la palabra oudén, que literalmente significa “ni uno”. Mmmm… no está mal, pero no les alcanzó para tomar en cuenta a las fracciones que, aunque no llegan a uno, no dejan de ser algo, ¿queeé?, bueno, ni yo me entendí pero por ahí va la cosa.

Los romanos, a quienes no se les daba mucho eso de las abstracciones, para decir “nada” prefirieron inspirarse en las habas. En aquella sociedad, a estas semillas las tenían muy presentes porque, aparte de que se las comían, las usaban con fines democráticos. Se servían de ellas para, en las elecciones, emitir su voto.

Las dichas habas, al desprenderse de la vaina conservan una hebra o pedúnculo llamado hilio; los latinos lo llamaron hilium y, por ser un elemento, se convirtió en símbolo de pequeñez. Así que decir “ni hilium”, significaba “ni siquiera lo más pequeño”. De ni hilium, se dijo nihil y esta fue la palabra que en latín pasó a significar nada. ¡Vaya! O sea que los partidarios del nihilismo, son aquellos que no creen 

ni en un pedúnculo.

Los anglosajones son muy prácticos, su lógica fue: si algo que existe, es una cosa thing; entonces, lo que no existe no es una cosa (no–thing); así nació la palabra nothing para, en inglés, decir nada.

Los italianos sí que se inspiraron, para decir nada acuñaron la palabra niente. Es decir ni-ente, donde ente es cualquier cosa “que es”, de modo que niente viene a ser “lo que no es”; es decir… nada. Muy apropiado, ¿no les parece?

En español, ¡ay, nuestro idioma!, tiene cosas hermosas, pero en esto de la nada sí que perdimos la brújula. Resulta que en latín, la expresión “res nata” significaba “cosa nacida”, o menos literal, “cosa que se ha formado”. Los latinos tenían expresiones, algo así como: “no hay res nata” para querer decir “no hay cosa formada”, es decir, “no hay nada”. En castellano se pensó que la res (cosa) salía sobrando y nos quedamos con la nata de donde surgió nuestra palabra nada, que literalmente significaría “nacida”. ¡Nada que ver! Mejor hubiera sido quedarnos con el “ni jota” (expresión que hace referencia a la iod hebrea, la letra más pequeña de ese abecedario), que bien hubiera servido 

para este propósito. 

La formación de las palabras habla mucho del intelecto de los pueblos; por eso voy a cerrar con la palabra que los “salvajes” hablantes de náhuatl acuñaron para decir nada. En esta lengua existe la raíz “tle” que es formadora de palabras como tletl (fuego) y tletletl (relámpago, rayo). Nuestros antepasados indígenas, veían en estos fenómenos una manifestación intensa de la esencia formadora de todas las cosas, es decir, de la energía. Por eso acuñaron la palabra atle (no-tle) para encerrar el concepto de no–energía, no–esencia, es decir… nada. ¡Como para dejar con el ojo cuadrado a griegos, romanos y similares!

Bueno, señor Bécquer, ya vio usted, mi imaginación no dio para sacar de ella un mundo, pero al menos creo que sí pude sacar, de la nada, un decoroso artículo. Algo es algo… que siempre será mejor que nada.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos

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