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De icpallis a equipalesDomingo, 15 de Enero de 2017 01:00 a.m.

Para sentarse, en México tenemos sillas y sillones como en todos lados, pero además tenemos equipales, que son un tipo especial de sillones hechos de varas entretejidas y con asiento y respaldo que pueden ser de cuero o palma tejida. Curioso el nombre, pero más curiosa la historia que cuentan estos folclóricos asientos de origen prehispánico.

Los antiguos códices mexicanos nos han dejado conocer aspectos de la vida de las sociedades precolombinas, en particular de los mexicas. Uno de estos rasgos culturales tiene que ver con los asientos en los que se sentaban. Tenían unos muy especiales que ni eran todos iguales, ni eran para cualquier persona. En náhuatl los llamaban icpallis, y según el estrato social o religioso del usuario era el nombre y modo como se construían. 

Uno era el teoicpalli, que era el asiento reservado para los dioses, como fueron en su origen los thronos griegos, en los que se esperaba que se sentaran las divinidades o si no, ya “de perdis” los grandes monarcas. Los teoicpalli se elaboraban de madera con incrustaciones de metal, de obsidiana o de chalchihuite que es un tipo de piedra verde. Supongo que los dioses nunca se animaron a sentarse, pero, por si las moscas, el asiento siempre estuvo listo. 

Otros eran los llamados teotzoicpalli que estaban destinados para los tlahtoanis o reyes de aquellos pueblos mesoamericanos. Fray Bernardino de Sahagún escribió acerca de ellos el siguiente párrafo: “Usaban los señores de unos asientos hechos de juncos y de cañas que llaman teptzoicpalli, que también los usan ahora. Pero en tiempos pasados para demostración de su majestad, forrábanlos con pellejos de animales fieros, como son los tigres, leones, osos y también de ciervos”. 

Para los señores acaudalados, se hacían tolicpallis, que eran asientos redondos o cuadrados del alto de un palmo, algo así como 20 centímetros. También los forraban con pellejos y su uso era exclusivamente para que estos señores se distinguieran cuando estaban sentados. 

Hasta ahí llegaba el asunto porque, los maceguales, que eran la clase más baja y numerosa de la sociedad mexica conformada por agricultores, pequeños comerciantes, sirvientes, guerreros, constructores y artesanos, para ellos no había una silla especial y si querían sentarse lo hacían sobre asientos rústicos, piedras, troncos o ya de plano en el suelo. ¡Ah, eso sí!, que ni se les ocurriera sentarse en un icpalli, ni siquiera para saber que se sentía, porque corrían el riesgo de afrontar severos castigos. 

Cuando los españoles supieron de los icpallis, sucedió lo que con muchas otras palabras del náhuatl, al tener dificultad para pronunciarlas, la relacionaban con voces castellanas que se les parecieran y, en este caso, icpallis les sonó a “equipales”, naciendo así el nombre con que ahora conocemos a estos asientos de origen prehispánico. 

Hoy, hábiles manos mexicanas siguen fabricando equipales. Son productos de artesanía, principalmente de los estados de Jalisco y Michoacán. Sentarse en uno de ellos, ya sin la preocupación de ser castigado, puede ser una experiencia entrañable si nos dejamos invadir por la sensación de que reposamos en un pedacito de nuestra historia. 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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