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De harina y agua Por: Roberto Navarro Crónicas de un comelónJueves, 4 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

Ingredientes simples y un mundo de opciones.

Una de las preguntas que usualmente uno recibe en este negocio es cuál es mi plato favorito. La verdad es una pregunta sumamente complicada de responder, porque como tragón que soy, me gusta casi de todo. 

Al menos de lo que me ha tocado conocer. Sin embargo, sí paso por momentos en los que me clavo con un tema. En algún momento de mis años de escuela, fue el risotto, más tarde el mousse de chocolate, la comida italiana, etc..., hoy por hoy, mi plato favorito es la pasta. 

Pero, ¿a quién no le gusta la pasta?, es sin duda alguna una de las comidas más reconfortantes que conocemos. Desde niños nos la presentan y podría decir que es un amor para toda la vida. Quizás su popularidad se deba a la versatilidad con la que se puede preparar la pasta.

No sólo en cuanto a la multitud de preparaciones técnicas que pueden derivar de ésta, sino que también se presta a un amplísimo rango de sabores. La podemos comer fría en ensaladas, caliente en sopas, o en sus preparaciones específicas, de las cuales, se me vienen al menos unas nueve formas diferentes a la mente, cada una con sus múltiples potenciales variaciones. 

Incluso, en algunas regiones de Italia, se utiliza como parte de un pay y algunos chefs han experimentado con versiones dulces. En cuanto a la preparación de la pasta en sí, su sencillez es engañosa. 

Puede tener tan sólo dos ingredientes, usualmente harina y agua, pero también puede ser complicada al incluir ingredientes muy complicados de encontrar como la "farina di grano arso", una harina elaborada a partir de grano de trigo quemado. 

Distintas harinas de diferentes variedades de trigos, huevos, especias, vegetales y hasta productos animales como quesos o la tinta de calamar pueden formar parte de la composición de las masas. Para acabarla de complicar, existen variedades de pasta que ni harina llevan como los canederli. Las hay secas y fresca y no, no es mejor una que la otra en sí, cortas, largas, lisas, rayadas y en fin, podríamos seguir con esta lista por horas.

Quizás ahorita digan: ´A ver, ¿cómo que la pasta seca no es mejor que la fresca?´ sobre todo porque en los restaurantes nos venden la pasta fresca como si fuera el nec plus ultra. 

La diferencia inicial tenía que ver con la economía de las regiones, aquellas que tenían más dificultad económica, preferían utilizar los huevos para comerlos directamente que ponerlos en la pasta, y por eso sus pastas suelen ser basadas en harina y agua y en muchos casos, pasadas por una máquina de extrusión para secarse posteriormente. 

Pero hay pastas secas de muy buena calidad, es cuestión de buscar aquellas cuyas etiquetas mencionen el bronce, y verán que tienen una textura más marcada que las más... industriales. ¡Les debo más sobre el 

tema la próxima semana!

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