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Clima
De chinos y enchinadosDomingo, 12 de Marzo de 2017 01:31 a.m.

Si tienes pelo rizado, no te extrañe que un mexicano se refiera a ti como “el Chino”. Tal vez pensarás “¿Por qué?, si nunca he visto a un chino con pelo ensortijado”. Bueno, lo que pasa es que el adjetivo no tiene nada que ver con los chinitos de ojos rasgados. El origen hay que buscarlo en la palabra quechua “china”, que significaba “hembra, muchacha”.

En la época colonial, se generalizó entre las familias españolas tener en casa algunas chinas (de las quechuas) para que se encargaran de las labores domésticas. Fue por eso que, con el tiempo, “china” y luego “chino”, pasaron a ser nombres genéricos para la servidumbre. Las cosas fueron más allá y el mote de china se extendió para referirse a todas las muchachas pueblerinas; mucho se escribió de ellas en el Siglo XIX, resaltando su belleza y sensualidad. De particular fama fueron las llamadas chinas poblanas, cuya imagen pervive en el folclor nacional.

Pero volvamos a la historia. Sucedió que después se pusieron de moda los sirvientes africanos. Por las calles se veía a las elegantes damas que, muy orondas ellas, salían a pasear rodeadas con un séquito de esclavos negros para presumirlos a sus vecinas. Así, en ese crisol colonial, convivieron negros e indígenas para compartir las tareas domésticas y, para completar el tercio, se apuntaron los y las peninsulares y ¡claro!, ninguno de ellos fue inmune al dicho que reza: “el hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla” y de esos incendios carnales habrían de nacer las diferentes castas. Una muy abundante fue la que se originó por el cruce de mulatos e indígenas y fueron llamados “chinos”, ¿por qué crees?… sí, lo adivinaste, porque desde la cuna ya estaban destinados a ser los sirvientes de la casa.

Por su herencia genética africana, el pelo rizado era una característica típica de esta casta y de ahí quedaría que, en México, a quien nacía con este tipo de cabello se le diera el mote de “chino”. Como huella de esta circunstancia ha quedado que al pelo ensortijado, en este país lo llamemos pelo chino. Ya ves, nada que ver con los orientales de ojos rasgados y pelo de aguacero.

Ya entrados en “chinaderas”, ¿Por qué ante ciertas emociones decimos que se nos enchina el cuero? Bueno, la voz “china” tiene diferentes procedencias y diferentes significados: Ya dijimos que en el quechua es “muchacha”, muy diferente es “china”, gentilicio de las cosas que son de China; pero además, en español viejo, de un origen muy distinto, tenemos otra “china” que significa “piedrecilla”.

De este último significado nació el verbo “enchinar”, que significaba “cubrir con piedrecillas”. Se enchinaban algunas prendas de vestir, diademas y cualquier cosa que se quisiera adornar con piedrecillas brillantes. También se enchinaban (empedraban) las calles para hacerlas más transitables.

El caso es que un objeto enchinado, es decir, cubierto de piedrecillas, tiene una apariencia granulosa y, justo esa apariencia es la que tiene la piel cuando las emociones nos ponen la carne de gallina (apreciada cuando el ave está desplumada). De esa comparación nació la expresión “ponerse chinito (empedrado)” y su equivalente “se me enchinó el cuero”, que por cierto algunos tergiversan y dicen “se me encueró el chino” y ahí sí… de por qué sucede esto, cada quien tendrá sus explicaciones.


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