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Clima
De baches y atarantadosDomingo, 1 de Marzo de 2015 01:16 a.m.
Toda una pesadilla para los sufridos conductores es caer en un bache y que se dañe una llanta. Cuando eso sucede podemos hacer varias cosas: recordarle el 10 de mayo a las autoridades municipales, llorar de coraje, reclamarle a la divinidad “¿por qué yo, si todos los domingos voy a misa?” o seguro habrá otras reacciones, pero yo, además de haber hecho algunas de las antes dichas, sobre todo la primera, desahogué mi frustración escribiendo esta historia:

Los baches no son un mal propio de este tiempo ni de este lugar, crónicas antiguas ya registran quejas de viajeros que transitaban por caminos llenos de estos hoyos callejeros o sartenejas, como también los llamaban. Con estas palabras expresó Juan Valera su molestia a principios del siglo XIX: “Ha venido el deshielo a poner las calles en un estado lastimoso. A pie no se puede salir, a no querer nadar en un fango negro y nada aromático; y en coche va uno como picado por la tarántula, dando brincos y haciendo contorsiones horribles, con el traqueteo y los sacudimientos que causan los baches en el que se hunden los carruajes. Las ruedas hacen subir el lodo hasta las nubes y le salpican á uno miserablemente, embadurnándole la cara y convirtiéndole en un etíope, si se descuida un poco”.

De este párrafo “valeriano”, por su interés, no puedo dejar pasar la historia que desprende del colorido comentario “va uno como picado por la tarántula”… Todo empieza en una remota antigüedad, cuando los griegos fundaron una colonia en las costas del  Mediterráneo, en el sur de la península Itálica. A esa población la llamaron Taras, que al paso del tiempo pasó a ser Taranto y aún Tarento.  En esta región, abundaba una arañota peluda que por ser de la región de Taranto, fue llamada tarántula. Aunque la picadura de este bicho no es mortal, quien tenía la desdicha de recibirla quedaba un poco o un mucho aturdido y para dejar bien clara la causa, se decía que estaba atarantado. Eso fue al principio, porque ahora el mundo está lleno de atarantados y de esto no tienen ninguna culpa las tarántulas.

Esta historia también dejó huella en la música, es que había la creencia de que, para curar a los atarantados, estos debían bailar al ritmo de una música frenética y, ¡santo remedio!, sudarían el veneno y recuperarían la lucidez. De ahí quedó que a ese tipo de piezas musicales, de ritmo intenso, las llamaran tarantelas. Lástima que haya sido solo una ilusión, hoy tendríamos ejércitos de atarantados zapateando estas tarantelas en busca de la cura milagrosa.

Pero dejemos a tarántulas y atarantados para volver con los baches. Ya la edición del diccionario de 1770, definía: “Bache. El hoyo o baxo que hay en la calle o camino, que hace batidero para los carruajes”. ¡Vaya!, lo mismo que ahora. La palabra parece proceder del árabe, y más específicamente de batín, que significaba ´suelo hundido´. Este arabismo dejó en castellano la voz badén, que el diccionario define como: “badén: 1. - Zanja o depresión que forma en el terreno el paso de las aguas llovedizas. 2. -Cauce enlosado o empedrado, que se hace en una carretera para dar paso a un corto caudal de agua”. Lo más probable es que bache, sea una distorsión tardía de esta palabra; bastante exitosa por cierto.

No cabe duda, escribir es una catarsis, la calma vuelve y las perturbaciones de la mente desaparecen, al menos mientras volvemos a salir a las calles,  donde  entre bache y bache, saltamos como picados por tarántula, nos encanijamos y otra vez le recordamos el 10 de mayo a las autoridades. Bueno, cuando eso suceda… ya veré
qué otra historia se me ocurre.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y   conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las     palabras para   luego ir con el chisme.
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