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Clima
Contra la 'pader'Domingo, 10 de Enero de 2016 01:23 a.m.
Se llamaba José y era oriundo de un pequeño poblado de las desérticas tierras potosinas. Aunque llevaba años viviendo en la ciudad, su habla aún estaba marcada por la “incultura” del medio rural. Como el José bíblico, él también era carpintero y quiso el destino que por un tiempo trabajáramos juntos en proyectos de carpintería.

Era común que, cuando se le complicaba la instalación de algún clóset o alguna cocina, presto recurriera a su frase salvadora: “está chueca la pader”. Yo no resistía la tentación de decirle que lo correcto es “pared”, pero eso parecía no importarle. Sólo me veía sin decir palabra y, en la siguiente oportunidad, volvía a surgir de su boca… “está chueca la pader”.

Quizá José sabía –sin saber– algo que yo ignoraba. Tal vez su terquedad brotaba del conocimiento inconsciente de que personas como él, a través del tiempo, fueron los constructores de lo que ahora es nuestra lengua. Puede ser que él intuyera historias como las que les voy a contar:

En el siglo XIII, el rey Alfonso X de Castilla a quien decían “el Sabio”, escribió “Estoria de España”, que en un fragmento dice: “…non dubdas en meterte a periglo de muerte por el mar que anda muy brauo”.

Puedo imaginarlo despotricando contra un José que con desenfado y vulgaridad, prefería decir “estar en peligro”, cuando los cánones indicaban que lo correcto era decir “estar en periglo”. Después de todo, la palabra procedía del latín periculum.

En 1250, Abraham de Toledo escribió “Moamín”, que en un fragmento dice: “…tomen un murciego e deguellenle. E faganle secar a la sombra. E despues faganle menudo todo e tomen del”.

Murciego, del latín mur, que significa ratón, y caecus, que significa ciego. Fue la palabra que primero se usó en castellano para referirse al mamífero nocturno y volador. Después se dijo murciégalo y así permaneció por años, hasta que a un José se le acomodó mejor el “vulgarismo” murciélago y así lo siguió diciendo, a pesar de las razones y reproches de la comunidad culta. Hoy el diccionario da por buenas las dos formas: murciégalo y murciélago.

En 1236, Gonzalo de Berceo escribió “Loores de Nuestra Señora”, que en un fragmento dice: “La tu figura, Madre, traié el vellocino en qui nuevo miraglo por Gedeón avino; en essi vino pluvia, en ti el rey divino; por vencer la batalla, Tú abrist el camino”.

Miraglo, la palabra correcta para referirse a sucesos extraordinarios y de origen divino, derivada del latín miraculum. ¡Ah!, pero otra vez José y su afán de echar a perder las palabras, él prefirió decir milagro.

En 1477, Fray Hernando de Talavera escribió “De vestir y de calzar” y en una parte se lee: “...y en las virtudes é á salir de los pecados, como el miembro ya cortado y echado al muradal ó sepultado en el cimiterio...”.

Muradal, era la palabra correcta para referirse a ese lugar donde se tiraba basura y desperdicios, que por estar casi siempre al pie de algún muro, recibió este nombre. Todo estaba bien para la palabra, pero a José le pareció más cómodo decir… muladar.

Estas palabras y muchas otras, tienen algo en común. Fueron víctimas de un proceso al que los académicos llaman metátesis, que sucede cuando por vicio de pronunciación la palabra se modifica, al intercambiar en ella la posición de algunas de sus letras.

Poderosa es la fuerza del uso en el lenguaje, que transforma lo vulgar en culto y, muchas veces, lo culto en vulgar. Después de saber lo que la terquedad de José había hecho con muchas palabras a través del tiempo, cuando volvió a decir “la pader” mejor ya no le dije nada. Entendí que así son las cosas; si no hubieran existido los corruptores de las palabras, todavía estaríamos hablando latín.
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