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Ciclo Por: Armando Arias AmbulandoMiércoles, 17 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

Así nos explicaba en las épocas de universidad el concepto de noticia el estimado José Luis Esquivel, profesor de periodismo que hacía referencia a los círculos concéntricos que se observan al arrojar una piedra a un lago. Los más lejanos son poco interesantes, en términos de información, mientras que los más cercanos son interesantes y atractivos, sobre todo porque afectan a la comunidad en donde suceden. Pues los círculos concéntricos se comenzaban a acercar, y con ello las posibilidades de continuar la vida como se conocía antes. 

Poco a poco esos círculos se acercaban más, y la etapa en la que se hacían bromas o se publicaban memes se borraba junto con las sonrisas al ver como se le ponía rostro a la enfermedad y se experimentaba el sufrimiento ajeno y el propio. Las cifras aumentaron, los enfermos y los que no superaron la enfermedad seguían sumándose a las listas que día con día se actualizaban, como hasta hoy, que la llamada segunda ola, de la mano de las fiestas decembrinas, azotó con más fuerza a nuestras comunidades. 

El miedo a enfermar, pero sobre todo la incertidumbre de lo que no se sabe ni se puede predecir, se apoderaba de todos los que desde su casa, sus estudios o su empleo, con las nuevas formas, intentaban adaptarse para seguir funcionando. La vacuna comenzaba a verse, también a lo lejos, aclarando un poco el horizonte. En el país aún no se alcanza a ver de cerca, pero el círculo se acercará en algunos meses. 

Solamente algo de grandes dimensiones y capacidad de afectación masiva podía borrar de la mente el virus. La tormenta invernal que llegó con intensidad a todo el norte de América se coló en la base de la pirámide de Abraham Maslow, haciendo que las necesidades más fundamentales de techo y abrigo se adueñaran de las mentes y de las voluntades de los que intentábamos adaptarnos y calentar el ambiente donde vivimos. Con ello la incertidumbre, los cortes de energía eléctrica, de agua, de gas. Las quejas, las teorías de conspiración, las atribuciones que buscan politizar todo lo que no sale bien y que termina por no resolver nada. Las declaraciones de negación de todo lo que no conviene asumir como responsabilidad por parte de quien está en el poder y listo, hasta que otra nueva ola de noticias ocupe la mente de las personas. 

Terminando el frío volverá el discurso del Covid, de las vacunas. Permanecer como espectador no hará que las cosas tomen un rumbo distinto. Ser responsables de uno mismo, de su prójimo y de su comunidad puede marcar la diferencia, mucho más que la queja sistemática e improductiva. ¿Nota usted algún patrón? Primero la pandemia, las quejas y lo que le sigue, luego el frío, las quejas y lo que le sigue, y así sucesivamente. Cansado, ¿No lo cree? Una actitud más productiva, de quien se interesa por alguien más que por sí mismo, que proponga y busque construir en las diferencias, agrupar a la comunidad y trabajar en pos de un ideal con pasión hará que se pueda continuar el progreso, que se construya la prosperidad y que se alcancen las metas que edifiquen el futuro. 

Lo demás solo destruye y deja a las personas a merced de las olas del mar de la realidad, con sus tempestades y tormentas y dependiendo de que alguien más dicte el rumbo y la forma de navegar.

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