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Chistes inapropiadamente correctos Por: Diego Díaz Si-nehLunes, 27 de Enero de 2020 02:50 a.m.

Jojo Rabbit, dirigida, escrita y hasta coprotagonizada por Taika Waititi. La misma mente responsable de  Thor: Ragnarok y la serie de  The Mandalorian.

Jojo (Roman Griffin) es un chico que crece en la Alemania de 1945 con la ilusión de ser un héroe militar de su país (es decir un nazi). Constantemente imagina que Adolf (interpretado por Taika Waititi) lo acompaña y aconseja. Su madre Rosie (Scarlett Johansson) se preocupa por las tendencias de su hijo y además esconde un secreto. Ella ha dado refugio a una chica judía, Elsa (Thomasin McKenzie). ¿Qué sucederá cuando el adoctrinado Jojo se entere?

Empezando por lo más obvio que se debe mencionar es que sí, el filme es bastante cómico. Eso es, en parte, posible gracias al talentosísimo elenco, además de las habilidades del escritor y director. No soy fanático de las comedias, pero Waititi me mantiene muy atento a sus próximos proyectos.

Los mejores momentos para la fotografía fueron al principio y al final, donde vemos secuencias y tomas, bastante creativas, que de cierta forma muestran lo mismo pero visto por un personaje que se transformó y al final no ve las cosas igual.

El arte juega mucho con símbolos, colores y hasta hace referencias, de forma satírica, a varias cosas que caracterizaron a la Alemania de esos años. Como una escena en la que vemos a los niños participar en una quema de libros como si fuese un simple juego, o el hacer que los personajes, al saludar, digan “Heil Hitler” como si esa fuese su forma de decir “hola”, por mencionar algunos ejemplos simples.

También hay otros símbolos más sutiles como cuando nuestro personaje no puede (y aprende a) atar sus agujetas con el nudo clásico que aparenta tener “orejas de conejo”. Un símbolo de autosuficiencia y madurez. 

Analizando un poco más lo que la historia nos quiere decir, se trata de un joven que se ve forzado a cuestionar, y hasta retar, todo lo que le hicieron creer que es la verdad desde que nació.

La película nos invita a ponerlos en los zapatos del chico y cuestionar: ¿por qué creemos lo que creemos? ¿Es porque realmente estamos convencidos o hemos indagado sobre ello? ¿Será que repetimos lo mismo por costumbre?

La película no es perfecta, y hasta llega a tener los típicos problemas de una comedia. Como tratar temas muy densos y obscuros de una forma muy simplista, sin llegar a darles una resolución concreta, o abandonar conceptos que pudieron ser explorados a fondo, pero fueron solo utilizados para una pequeña broma.

La película sin lugar a dudas es muy entretenida, pero es más que solo eso. Vale la pena verla con unos ojos reflexivos y una mente muy abierta, tanto a su humor negro como a sus ideas. 7/10.

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