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Clima
Caos permanente Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 27 de Agosto de 2020 00:00 a.m.

La frase tiene su origen en una entrevista al pensador italiano Franco "Bifo" Berardi y que circula por las redes dedicadas al pensamiento y las artes. La entrevista es arrolladora, las palabras caen como una tormenta sobre la espalda cansada de este Occidente crepuscular.

El pensador expresa que el capitalismo salvaje puede colapsar como efecto de la incontrolabilidad de la pandemia. Tiene razón, este aparato mercadotécnico y despiadado en el que colaboran academias, medios, costumbres y sistemas de comunicación por igual lo que realmente desea es transformarnos a todos en compradores compulsivos y ya lo ha logrado. En este contexto, el pensador apunta a que la pandemia es un caos que el capitalismo ni provoca ni puede someter. Es tan móvil, tan impredecible, tan ingobernable que el capitalismo se desquicia y desquicia a la sociedad que tiene interiorizada la necesidad de integrarse a como dé lugar a un mercado apalancado en un quimérico estilo de vida que hoy ya se muestra como insostenible. Estamos cimentados en ilusiones vagas y miserables que han hecho de este mundo un desierto. Al capitalismo salvaje que tanto amamos no le importa la salud del individuo, le importa la salud de la cartera del individuo, todo lo demás es cuerpo muerto. Produce, ofrece, seduce, oferta y vencerás, ese el signo de toda una sociedad, la pandemia al colocarse en el centro neurálgico de la vida misma es en verdad el primer enemigo que el capitalismo voraz no atina a controlar; ya lo hará, no lo dudemos. Toda la esfera de productos que tenemos al alcance no hace más que desbordarnos, inflama nuestro sistema de percepción, nos mastica y nos escupe cuando ya no somos rentables. El daño estructural que la pandemia puede hacer a un sistema así es colocar en nuestra conciencia firmemente la inutilidad de la acumulación de productos.

Sin embargo, si creemos lo que plantea el fin del Siglo XX, si nuestras certezas pasan por nuestro nivel de consumo, estaremos erradicando de nosotros la posibilidad de un futuro. El capitalismo salvaje, ese que destruye el medio en nombre del dios producción, ese que arrasa vidas en nombre de la eficacia, ese que arruina sociedades por el indómito amor al dinero, ha generados sus propios caos. Caos políticos como con la Operación Cóndor, caos sociales como en los desastres en países como Ruanda o el nuestro, caos ambientales como los que todos los días ocurren en el Amazonas o en cualquier océano, caos económicos como en Venezuela o Argentina, caos políticos como los que ocurren en el mundo entero. El caos que genera un virus deja ciego de un ojo al mercado y esto es lo que hace temblar a los dueños del mundo.

Es labor propia de las artes y del pensamiento sopesar y generar un movimiento lúcido en la tiniebla. El pensador italiano explica que, si la imaginación filosófica no logra imaginar otra salida que la catástrofe, esto se vuelve muy cuesta arriba. Mientras, se abre la pregunta sobre si aprenderemos algo o no de esta crisis monumental. A todas luces, el espíritu del mercado hará lo posible porque no. No bien pase la pandemia, el premio de millones de personas será salir de compras, esa será la entrada triunfal a la normalidad. Esto implica que tenemos interiorizada una necesidad de salir del caos de la pandemia para entrar al caos del consumo. El caos permanente es quizá nuestro modo de vida. Es verdad que los dos matan, pero es verdad también, que el segundo empieza por matar a las neuronas.

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