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Benedicto benedictino Por: Roberto Navarro Crónicas de un comelónJueves, 19 de Noviembre de 2020 02:00 a.m.

Desvelando el origen del popular desayuno.

El huevo es sin duda uno de los alimentos más maravillosos de nuestro planeta. Un pequeño paquete que encierra una importante cantidad de nutrientes, pero sobre todo, es muy versátil y delicioso. Tan importante es en el oficio culinario que existe el mito de que los cien pliegues del gorro del chef representan las cien formas de cocer un huevo. 

En nuestras costumbres, el huevo es una de las piezas fundamentales de los desayunos y tenemos algunos platos maravillosos como los rancheros, motuleños, ahogados y no podemos olvidar el orgullosamente norestense machacado con huevo. 

De unos años para acá, sin embargo, se ha vuelto muy popular un platillo compuesto por un par de huevos pochados, posados sobre un muffin inglés y una rebanada de jamón y cubierto de salsa holandesa: los huevos Benedict.

Es frecuente encontrarlos en menús con el nombre de ´benedictinos´ y aunque podríamos representar una gran demostración de las técnicas de la cocina francesa, al grado que para mí son parte casi inamovible de los exámenes de cocina, ni se llaman benedictinos ni son franceses. 

En la llamada biblia de la cocina francesa, la Guía Culinaria de Auguste Escoffier, que contiene más de 140 recetas de huevos, no existe ningún platillo llamado ´Huevos Benedict´. Los ´Huevos Benedictinos´ sí existen, sin embargo, no se asemejan en nada al platillo que nos gusta degustar en los brunches del domingo. 

En la guía, los huevos benedictinos son una tartaleta sobre la que se coloca brandade trufada, huevos pochados o cocidos tiernos y finalmente una cobertura de salsa crema. 

Entonces, ¿cuál es el origen de este delicioso platillo?. No existe certeza sobre quién los haya inventado, pero sí se ha situado el nacimiento del platillo en la ciudad de Nueva York en algún punto de finales del siglo XIX. 

El célebre restaurante Delmonico´s es uno de los que se atribuyen el origen de este platillo. La historia, según el restaurante, es que uno de sus clientes regulares, la Sra. Benedict, aburrida de la oferta del establecimiento, solicitó al chef Charles Ranhofer algo nuevo. 

Otra historia involucra otra de las grandes instituciones de la gran manzana: el Waldorf Astoria, según una publicación del New Yorker, Lemuel C. Benedict solicitó un pan tostado con mantequilla, tocino crujiente, pochados y holandesa. 

El maître d´hôtel quedó tan sorprendido con el platillo que lo reprodujo sustituyendo el pan por el muffin y el tocino por el jamón. La tercera, y para algunos más improbable de las historias del origen del platillo lo atribuye al comodoro E. C. Benedict a través de una carta recibida por el New York Times. 

Entonces, ¿desayunaremos huevos Benedict, o benedictinos? Aunque yo haga corajes, importa poco. Lo importante es comer rico. 

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