icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
¿Bato o vato?Domingo, 9 de Abril de 2017 00:47 a.m.

Nunca he conocido a nadie que se llame “Bato”, pero sí me consta que en México, desde hace muchos años, en el lenguaje popular sobre todo de los jóvenes, “bato” es palabra que hace olvidar a fulano y a mengano para referirse en forma genérica a cualquier semejante del sexo masculino.

La palabra suele escucharse en expresiones populares como: “Unos batos me la hicieron de tos”, “Me encontré con un bato que me dijo que te conocía” o “¡Essste bato!” que igual se dice con un dejo de burla a alguien que, a nuestro juicio, es autor de alguna tontería, o en contraste, con tinte de admiración para dar reconocimiento a quien logra alguna hazaña. En otro ángulo, en un ambiente muy distinto, cada diciembre en las tradicionales pastorelas mexicanas un personaje que no puede faltar es Bato, un pastor cuyo atributo es la pereza.

El origen de este personaje se remonta a la mitología griega. Dentro del nudo de mitos que la conforman, aparece un pastor llamado “Bato” que, sin querer queriendo, pescó in fraganti a Hermes (Mercurio entre los romanos) robando unos bueyes que le pertenecían a Apolo. Hermes, al darse cuenta de que Bato lo había cachado, lo sobornó dándole algunos de los bueyes a cambio de que se quedara calladito. Desconfiado, Hermes tomó otra forma y puso a prueba la fidelidad de Bato, que no dudó en “soltar la sopa” cuando le ofrecieron una recompensa si ayudaba a encontrar el ganado perdido. Sin dudarlo, Hermes cortó por lo sano y convirtió a Bato en piedra, asegurándose así de que ya no abriría la boca.

Desde la época medieval y hasta el Siglo de Oro español, Bato, nombre griego que encierra el concepto de ‘tartamudo’ fue personaje imprescindible en importantes obras de corte pastoril. Siempre presentado como un pastor rústico, de rudo entendimiento y con una forma de hablar que causaba la hilaridad del público. Importantes autores como Lope de Vega, Tirso de Molina, Garcilaso de la Vega y otros le dieron cabida en sus obras. De ahí pegó el brinco y se posicionó como personaje importante en las pastorelas que los franciscanos idearon como recurso de evangelización en tierras americanas.

¿Será este Bato quien es evocado por el lenguaje popular en las calles mexicanas? Al parecer no. Más bien se hace referencia al “chivato”, casi chivito, el que se “berrea”, es decir, el soplón. Es palabra del argot delincuencial español, que se habría reducido a “vato” y así se presenta en el habla mexicana.
Esto nos lleva a concluir que hay batos y hay vatos. Los primeros son los que el diccionario de la Real Academia Española define así: “bato: Hombre tonto, o rústico y de pocos alcances”. Aunque algunos opinan que este uso pudo derivarse de batueco, a mí me parece que el perfil cuadra con el Bato mitológico, que luego fue un pastor rústico en diversas obras histriónicas. El mismo diccionario da cuenta de otro bato y escuetamente dice que es del caló gitano y significa “padre”. Eso es cierto, y además, aunque eso no lo dice, en este argot bata significa “madre”. Pero estos usos no se dan en México.

El otro vato, de origen menos noble, es el que salió de las calles y que ahí sigue, como ya dije, muy probable apócope de chivato, nombre gansteril para el soplón, que luego fue más allá y pasó a nombrar a cualquier desconocido. De hecho, otro diccionario, el de americanismos, patrocinado por las academias de la lengua de América, incluye esta entrada: “Vato: Muchacho, individuo, hombre”, para especificar que este uso existe en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua e incluso en España. Así las cosas, para el uso mexicano, parece ser más adecuado escribir vato, sobre todo si contamos con el respaldo del diccionario de americanismos, que pesa tanto o más que el de la Real Academia Española.

Pues qué más puedo decirles de esta palabra, ya solo se me ocurre exclamar… ¡vaya con “essste vato”!


OpenA