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Monterrey, NL
Clima
BarbarieSábado, 6 de Julio de 2019 04:00 a.m.

En el constante afán de encontrar responsables externos a todo lo malo que nos sucede, el dedo acusador de la inconsciencia, apunta inquisitivamente según la limitada óptica de las cosas, a las autoridades regiomontanas de vialidad luego de vivir el pasado jueves una tarde atípica y trágica a la vez, donde una momentánea lluvia provocó casi casi un conflicto mundial sobre varios puntos de la avenida que honra la memoria de don Eugenio Garza Sada con su nombre y que tuvo su evento más fatídico enfrente del centro comercial conocido como “Esfera”, al sur de la ciudad, precisamente donde la carretera nacional cede su nombre al prohombre regiomontano.

Una serie de accidentes menores provocados por la fugaz –pero pertinaz– llovizna trastocaron el tráfico en diversos sectores comprendidos entre el tramo de las avenidas Luis Elizondo y Junco de la Vega, en tanto que una mega carambola donde participaron más de 30 vehículos se registró sobre el paso elevado de Garza Sada con su cruce con Dos de Abril, en los carriles de sur a norte y donde el panorama visual, más que un sencillo y doméstico accidente vial sin consecuencias importantes, parecía una dantesca escena de ciencia ficción sacada de esas películas en las que Godzilla sale a pasear al Downtown de cualquier ciudad gringa, para dejar todo su regadero de carritos averiados apuntando a todas direcciones.

Más de 30 automovilistas exclusivamente involucrados en este hecho, hicieron al “dedo acusador de la inconsciencia” culpar preliminarmente a la lluvia que, en sociedad con la mala calidad del asfalto, provocaron la mega carambola que paralizó el tráfico en la importante arteria del sur de la ciudad.

El otro accidente, ese sí fatal, según las primeras indagatorias se responsabiliza a la alta velocidad con la que un automovilista conducía su vehículo que perdió el control luego de impactarse contra el muro central de la rúa y proyectarse de rebote contra la parte trasera de la caja de un tráiler que se encontraba estacionado como lo hacen ya “tradicionalmente” en esa zona los operadores del transporte de carga, esperando la hora que los faculta el reglamento para poder ingresar sin multas a la ciudad.

Y aquí, en este accidente “el dedo acusador de la inconsciencia” se carga más en contra de la autoridad municipal que, sin reparo alguno, permitió hasta ese día que esta zona de emergencia de la rúa sea utilizado por los transportistas como estacionamiento-dormitorio provisional para dejar sus pesadas unidades a la espera del banderazo en el horario.

Cierto es que todos estos accidentes peculiares y catastróficos que se suman al promedio diario que acontecen en la zona metropolitana regiomontana, son producto de una cadena de sucesos de índole naturales, accidentales e involuntarios que el pasado jueves nos permitieron ponderar triste y lamentablemente en su justa y precisa dimensión, el nivel de “barbarie” que la sociedad regiomontana está desarrollando al colocar una mano al volante y el pie al acelerador de un auto.

La autoridad encargada de proporcionar a la ciudadanía vialidades eficientes para transitar sobre ellas con celeridades adecuadas a la naturaleza de cada tramo y velocidades constantes que permitan hacerlo con un colchón de espacio por seguridad integral, como parte proveedora del piso donde se desplaza el automovilista, seguramente es parte corresponsable en esta cadena de sucesos, por –eso sí– la mala calidad en la porosidad del asfalto con la que se pavimentan las calles de nuestra metrópoli.

Pero más allá de únicamente responsabilizar con el dedo acusador de la inconsciencia a la autoridad por la mala calidad de los pavimentos, es la misma autoridad la que “administra” el universo del tráfico, las vialidades y la movilidad y que permite quizás por incapacidad, irregularidades con aroma a corrupción, como el hecho de permitir el estacionamiento de unidades de carga, en áreas exclusivas para atender emergencias como en el caso que se registró en La Rioja.

Y es que, ciertamente, son los diferentes niveles de autoridad, en el ámbito de su responsabilidad y competencia, corresponsables indirectos de estos hechos al pavimentar con asfalto de mala calidad nuestras calles, al no advertir con señalamientos el incremento en el riesgo de transitar con lluvia, al otorgar permisos y licencias a muchos de los conductores que no saben más que apretarle el botón para encender el auto sin saber manejar (porque con una mordida evaden el examen) y permitir, también, que el transporte de carga tome los espacios de emergencia para estacionar sus unidades a la espera de su hora de ingreso a la ciudad.

Pero la autoridad sin la ciudadanía no es nada, como el auto sin conductor lo es, es decir, la problemática en la vialidad y movilidad de nuestra metrópoli no es debido únicamente a la incapacidad de la autoridad que se ha visto rebasada por la incontenible ola de vehículos nuevos que se suman, junto con sus conductores inexpertos, al basto parque vehicular, que saturan nuestras ciudades y demandan rapidez y seguridad en sus traslados.

Por ello, la responsabilidad principal y entera viene a recaer sin lugar a dudas en el ciudadano conductor que, sin medir las consecuencias de su irresponsabilidad y muchas veces sin siquiera saber manejar, toma las calles como suyas sin el menor recato de consciencia pensando en que toda la irresponsabilidad vial que desencadene un accidente, se puede subsanar en esta jungla de asfalto y barbarie vial, con una muestra de nuestra manifestación cultural más arraigada, en forma de una tradicional y mexicanísima “mordida”.

Por hoy es todo, amable lector. Medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que sea para usted un fin de semana pleno. Nos leemos en cabritomayor.com, donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de los más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en Crack nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos taurinos” y aquí mismo el próximo sábado.

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