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AutocinemaSábado, 20 de Julio de 2019 02:00 a.m.

Hace ya algunos y nostálgicos ayeres que la oscuridad del cabello, la frescura, ternura y suavidad de la piel además de la inocencia infantil de mis primeros años de vida, se han alejado  de mí, dejando a su paso una vasta, bella, añorada y enorme cantidad de hermosos e imborrables recuerdos de mi feliz infancia, esa que me obsequiaron con mucho amor y sacrificios mis queridos padres a quienes les debo todo lo que soy.

Recordando un poco con nostalgia algunos pasajes de aquella época ubico uno muy grato que involucraba a mis papás y los seis chamacos de la “flota”, es decir, a toda la familia entera que ocasionalmente cuando había la oportunidad y creo, un ingreso extra, emulando a los cuentos de Walt Disney,  nuestro “vochito” se convertía si no en un majestuoso carruaje, si en una feliz “lata de sardinas” rodante para llevarnos a “pasear” de noche y sumergirnos en medio de las fantasías fílmicas de las películas de moda, los “Aristogatos” los “tiburones”, los “aeropuertos” y más, aquí cerquita en el sur de la ciudad: al autocinema.

Debo de aclarar que el que esto escribe, desde pequeño ha habitado al sur de Monterrey desde antes de que estos espacios fueran ciudad, pues Contry, Altavista, Arroyo Seco, Balcones, Brisas y todo lo que sigue al sur, prácticamente estaban afuera de la ciudad que llegaba a la Nuevo Repueblo, Independencia, Florida, Roma, Tec y México.

En la orilla norte de la colonia Contry y sobre lo que antes era la angosta Carretera Nacional de dos carriles, uno por cada sentido y hoy es la ensanchada e insuficiente avenida Eugenio Garza Sada, había dos propiedades muy grandes, baldíos impresionantes que terminaron con la pasividad de su abandono convirtiéndose el primero, que estaba ubicado en el cruce de la carretera con Alfonso Reyes, en unas canchas llaneras de futbol y el segundo, sobre la misma carretera y cruzando la calle hacia el sur, en el majestuosamente bardeado y sonorizado de enorme portón celeste de doble hoja, Autocinema Futurama 2000.

Ahí, “el vochito sardina”, lleno de niños, de sillas plegadizas, de una dotación incalculable de hotdogs caseros y dos morrales atiborrados de palomitas de maíz, “acampaba” al abrigo de las frescas noches para disfrutar de la creatividad y el trabajo de los cineastas y actores que distraían nuestra apacible, tranquila e inocente infancia, con sus emocionantes y emotivas historias llenas de acción, de ficción, fantasía y risas.

Eran para mí y el menor de mis hermanos todo un deleite ir al autocinema pues nos dábamos el lujo de sentarnos sobre la defensa del Vocho para ver la película en turno o bien, subirnos y recostarnos en el techo del auto para disfrutar la función y aunque mi mamá tenía un mando y un poder más efectivo que Poncho Romo en el gabinete, cuando íbamos mi hermano y yo al sanitario, jugando a la persecución “nos perdíamos” en el regreso, en una infantil aventura de exploración, buscando el carril donde estaba nuestro vehículo estacionado. 

En ocasiones, recuerdo que nos regresábamos por toda la orilla, la que daba con la barda que separaba el perímetro de la propiedad con las casas y donde, casi la totalidad de los autos que estaban estacionados en esa zona, apuntaban para todos lados, e incluso algunos, se escondían entre los recovecos de los arbustos más alejados y oscuros mientras otros, hasta le daban la espalda a la gigantesca pantalla donde se proyectaban las cintas, tratando de evitar, casi creo, cualquier contacto visual con las películas.

Llevando a cuestas la inocencia de una infancia de seis o quizás siete años de edad y mi pequeñito hermano, uno menos que yo, no lográbamos comprender tal acción por qué solo esos autos estacionados en la orilla de la barda, no veían hacia la pantalla y casi siempre estaban “abandonados”, pues estaban cerrados y sin familias sentadas alrededor de cada unidad a diferencia de nuestro “vochito” en el cual, toda la familia estaba sentada en rededor.

Años más tarde, cuando la adolescencia y juventud fueron ocupando espacio dentro de este cuerpecito que Dios me dio, ¡Ahí madre!!!,  y que vinieron a desplazar a esa hermosa inocencia, fue que comprendí las naturalezas, causas, motivos y razones, del por qué aquellos autos estaban estacionados dándole la espalda a la pantalla dando la apariencia de abandonados, cuando la verdad es que no era así.

Seguro estoy que muchos de los que ahora me leen, ocuparon una posición en esos autos y disfrutaron, sino de una buena película con la inocencia que a mí me toco, sí con unas noches inolvidables de pasión en el Autocinema, probablemente con la misma persona con la que hoy, han hecho familia y por las noches, comparten la misma cama.

Y de no ser así, de seguro también disfrutaron de esos momentos que  hoy son unos hermosos recuerdos de una época feliz de nuestras vidas que no volverá. Tiempo después, las dos gigantescas propiedades cambiaron su vocación de “servicio a la comunidad”, primero, las canchas de futbol llaneros se convirtieron en lo que hoy es Soriana Contry y el Autocimena Futurama 2000 un tiempo después, se transformó en lo que hoy es integralmente, Plaza la Silla.

Sin duda alguna, la transformación en la vocación de ambas propiedades, por consecuencia trajeron cambios en el patrón de conductas de nuestra sociedad y los que antes iban a ejercitarse a las canchas llaneras, hoy acuden al mismo lugar a ejercitar la mandíbula del carrito del mandado, mientras que los otros, en el más inocente de los casos, como el del que esto escribe, que íbamos al Autocinema a deleitarnos con una sana película, hoy salimos espantados de la “Plaza del Terror”, (Plaza la silla), después de pagar la luz, el gas, el agua, el teléfono, la licencia y el refrendo.

Pues bien, después de pasear por estos hermosos recuerdos donde se respiraba la sencillez de otros tiempos y tras el cambio en la vocación del Gobierno en el servicio público a la comunidad, desgraciadamente ya con nuestra inocencia perdida y el tórrido romance acabado gracias a los desaciertos de “yo tengo otros datos” y los desacuerdos con el neoliberalismo en el gabinete, la calma chicha que hoy viven los “mercados” es la parte tensa de esta película que no sabemos cómo va a terminar. 

Ojalá que transitemos por un escenario aproximado al de Súper Man, Batman o ya de perdido del Llanero Solitario, es decir, donde los buenos ganan, so pena de revivir en esta 4ª Transformación, un cambio de vocación como el del autocinema, que después de habernos obsequiado tanta alegría y felicidad, hoy para nosotros se ha convertido en “La plaza del Terror”.

Por hoy es todo amable lector, medite lo que le platico, disfrute la vida y al máximo a su familia, esperando que sea para usted un fin de semana pleno, nos leemos en cabritomayor.com donde podrá encontrar todas nuestras columnas políticas, además de los más importantes noticias, artículos y reportajes taurinos, amén de que en Crack nos tendrá el próximo viernes en “Por los senderos taurinos” y aquí mismo el próximo sábado.

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