icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Arte en la crisis Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaDomingo, 15 de Marzo de 2020 01:49 a.m.

Hay vida más allá del coronavirus, seguro habrás escuchado esa palabra miles de veces en los últimos días, así que prometo utilizarla sólo en caso de emergencia. 

Ante una crisis como esta, estamos obligados a pasar tiempo con nosotros mismos, lo que parecía imposible se hará realidad en las próximas semanas. El confinamiento, el encierro, la ataraxia están al alcance, de pronto nuestras casas serán lo que fueron para la prehistoria, una cueva en donde nos refugiamos de las catástrofes. 

Como nadie se preocupa por ti, lectora, lector querido, yo si lo haré. Dejaré que los medios sigan con su campaña de información, a veces pertinentemente, a veces decididamente terrorista, y me daré a la tarea de proponerte ciertos temas para que retomes o relances el diálogo contigo mismo y con los grandes genios del arte y así, la crisis se transformará súbitamente en un gran páramo de dudas gloriosas. 

Como sé que las personas que leen esta columna son inquisitivas e inteligentes, seguro se preguntaran si vale la pena hablar de arte en medio de una crisis de dimensiones descomunales como la que atravesamos en estos días. La respuesta es afirmativa. Si algo he aprendido en la batalla diaria de enseñar arte en un sitio tan inhóspito como el norte de México es que el arte y los artistas son grandes navegantes de las crisis, las exploran, las meditan, las encaran, y encarar una crisis es una muestra de la fuerza necesaria para resistir ante la fatalidad. No quiere decir que los artistas sean héroes o villanos, quiere decir que naturalmente se enredan en las sombras para extraer de ellas la lucidez. Hoy más que nunca necesitamos del arte, nada nos entrena mejor para las crisis que el alma atormentada de un artista que se ejercita en los terrores de la tiniebla.

Edgar Allan Poe, por ejemplo, escribió un cuento magnífico: La máscara de la Muerte Roja. Como en nuestro tiempo, una plaga asolaba una región, nada podía detener el avance de la enfermedad. El príncipe ordenó construir un palacio y ahí encerrase hasta que la Muerte Roja desapareciera. Adentro se realizaban banquetes, fiestas, bailes de máscaras, se sentían seguros con las murallas del palacio y la autoridad del príncipe protegiendo a los predilectos del reino. La Muerte Roja se coló por debajo de la puerta. Todos cayeron, uno a uno, dice Poe al final del cuento, y la Muerte Roja tuvo entonces un ilimitado dominio sobre el reino. 

Otro autor que explora el tema de la pandemia es José Saramago. En su literatura, lo descomunal aparece para trastornar la realidad y someter a un examen a los dispositivos civilizatorios. Tanto en El Ensayo sobre la ceguera, como en Las intermitencias de la muerte, lo inexplicable juega un papel fundamental, así, una enfermedad se trasmite por la mirada y en el otro libro la muerte se enamora de un chelista y deja de matar, trastocando decididamente el curso de la vida. Es decir, si una manzana nos condena al sufrimiento eterno, ahora ¿por qué no? un murciélago ha generado una crisis imponente que ha provocado ya varios miles de muertos.  

En el cine, Luis Buñuel filma la caída de la civilización desde una mansión en el corazón mismo de la Ciudad de México. El ángel exterminador es quizá la reflexión más fina y certera sobre la fragilidad de los recubrimientos civilizadores sobre los apetitos y las pasiones. En verdad, aquello que nos contiene, en lo que confiamos para seguir las reglas del juego, es apenas una broma; tan pronto como sobrevengan las crisis seremos puro impulso.

El arte nos ejercita en la crisis, es un falso subterfugio que en realidad nos conecta con las tribulaciones de la existencia, nos dice que son posibles, que existen y que están a la vuelta de la esquina. Al inducir la crisis en su obra, el artista se convierte en una obra de arte de la civilización en sí mismo y deja al lector la semilla de la inquietud para que germine de acuerdo con las capacidades de cada uno. 

De esta manera, entendemos que acercarse a la visión de un artista focaliza la mirada en la angustia, nos entrena en el dolor, en las posibilidades de la devastación, así, enciende en nosotros la necesaria aparición de la resistencia, de la observación del abismo.

No es evasión lo que precisamos de momento, es el poder arrasador del arte que ha navegado en la crisis desde que tenemos memoria. “Tenemos el arte para no morir de realidad” F.N. 

samuelr77@gmail.com

OpenA