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Aparcar no es anglicismoDomingo, 26 de Febrero de 2017 01:18 a.m.

En México los automóviles se estacionan, mientras que en España se aparcan. Al verbo español no le han faltado detractores, por la extendida idea de que se trata de un feo anglicismo derivado de to park. De esta opinión fue el maestro Lázaro Carreter, que en uno de sus dardos escribió “No creo, que fuera imposible ir eliminando del español de España los feos anglicismos aparcar y aparcamiento, sustituyéndolos por estacionar y estacionamiento, preferidos en América, con lo cual se suprimiría una innecesaria diferencia”.

Este asunto ha despertado recuerdos dormidos de cuando pasaba tardes en la pueblerina tienda de mi abuelo. Muchos de sus clientes eran gente que llegaba de ranchos cercanos y a mí me gustaba estar ahí para escucharlos. Me intrigaba cuando decían: yo vide, ansina, mesmo, truje y que pidieran permiso a mi abuelo para aparcar sus burros y mulas frente a la tienda.

Hurgando en la historia, encontré que en latín existió la voz parricus ‘corral para guardar animales’. En francés se dijo parc, voz atestiguada desde 1160, primero con el mismo significado latino, pero luego fue ‘bosque rodeado por una cerca, para fines recreativos’. Estos lugares solían ser de la realeza y se ubicaban cerca de los castillos. Después, en 1616, parc aparece en el argot militar como ‘recinto donde se almacena el material de la artillería’.

Del francés parc surgió la voz inglesa park, que también significaba ‘corral para animales’, y para 1683 ya aparece en el lenguaje militar con la connotación de «recinto para guardar equipo militar». De ahí, nacería to park, para indicar la acción de guardar cosas en el parque, y sería a mediados del Siglo XIX cuando tomó la acepción de estacionar un vehículo.

A fines del Siglo XV, en castellano, la voz francesa parc se dijo parque. En 1737 el Diccionario de Autoridades definía: “Parque: Bosque cerrado. Tómase frecuentemente por el que está cerca de los Palacios y Casas Reales. En la milicia se llama al sitio u parage (sic) donde se colocan las municiones de guerra en los acampamentos, y también aquel en el que se sitúan víveres y vivandéros”.

Como en el inglés, de guardar artefactos y vehículos en los parques, en castellano nacería el verbo aparcar. Una de las acepciones que tomó, fue ‘colocar a dos o más objetos alineados, pero viendo hacia el frente’ como seguro se organizaban las carretas al guardarlas en un parque, o como los rancheros colocaban a los burros frente a la tienda de mi abuelo. Así, también aparcar tomó el significado de estacionar un vehículo. Este uso ya lo encontramos en Nociones del arte militar, que Francisco Villamartín escribió en 1862: “…sostener a todo trance y con rigor el orden y disciplina en los conductores y carreteros a fin de que sean exactos a las horas y listos a la carga y descarga, que marchen unidos y con la velocidad que se les exija, que aparquen según se mande…”.

Creo haber demostrado que el verbo aparcar aparece en castellano desde principios del Siglo XVI, y que no le pide nada en antigüedad al to park del inglés. La Real Academia Española se tardó para incluirlo en el diccionario, porque lo hizo apenas en la edición de 1936. No obstante, podemos concluir que aparcar no es anglicismo, es voz de ascendencia latina que llegó a nosotros a través del francés y que ha estado en el castellano por mucho tiempo.

De la tienda de mi abuelo y de aquellos rancheros que aparcaban mulas ya sólo queda el recuerdo. Quizá también ya no haya boca que pronuncie “aparcar”, aunque en el norte suele oírse “parquear”, que esa sí es influencia gringa, pero qué más da, en esta y en muchas palabras muy cierto es el adagio que reza: “todos los caminos conducen a Roma” o mejor dicho, al latín.


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