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¡Ánimo! Por: Luis Sampayo Luis SampayoLunes, 7 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

Y qué difícil nos la dejó, pues en lo más profundo de nuestro ser, desde la madrugada del 3 de diciembre se aloja un gran dolor en el alma y en el corazón por la triste y difícil partida de mi hermano mayor, Joel Sampayo Climaco, misma que nos complica el cumplimiento de forma cabal de su siempre entusiasta recomendación: ¡Ánimo! Sin embargo, las normas dicen que se tiene que ser fuerte aunque aún en medio de la tribulación por el corto tiempo que hemos tenido para intentar asimilar o aceptar las cosas no sepamos cómo.

Tal vez usted pueda pensar muy a la ligera que justo por el diagnóstico médico decretado desde el pasado mes de febrero hubo el tiempo suficiente para asimilar la idea de prever este triste final. Lo cierto es que a pesar de la exactitud de la ciencia en su diagnóstico y por consecuencia, de los progresivos y poco alentadores pronósticos, la grandeza de la fe en Dios y sus milagros mantuvieron la esperanza firme para enfrentar la callada, cruenta y dolorosa batalla librada por mi hermano durante prácticamente todo el año por recuperar la salud y pensar en otro resultado no cabía en el pensamiento ni en el ímpetu del corazón guerrero.

Tampoco el distanciamiento físico obligado e impuesto por el Covid, más la distancia mutua y voluntaria anterior e implantada por una especie de acuerdo callado entre caballeros y disfrazado a la vista de ambas conciencias, de simultáneas y enquehaceradas ocupaciones particulares, no se interpusieron para que siguiéramos conectados a través del amor de nuestros sentimientos por medio del corazón y el alma y que se fortaleció aún más, luego de un emotivo encuentro entre mis lágrimas y su entereza, a partir de su diagnóstico. 

Fue difícil para ambos aceptar el próximo trayecto de aquel escenario poniendo la distancia física añadida de por medio como consecuencia de la naciente pandemia, por lo que obligados por la misma, sólo concretamos en que no le llamaría durante su proceso médico para evitar ser inoportuno en cuestionamientos de su salud y esta información me la haría yo llegar, por diversos medios de investigación, mientras que él podía contar con mi respaldo para cualquier cosa que ocupara con sólo hacer una llamada, como lo hizo desde el consultorio médico aquella ocasión en la que surgió la posibilidad del trasplante de células madre de la cual por diferencia del tipo sanguíneo, no fui compatible, situación que me dolió enormemente. 

Mi hermano fue enteramente fiel a su mística y filosofía de vida a pesar de los momentos difíciles, la adversidad aciaga y dolorosa que el destino le deparó con el fallecimiento de Juanito Bautista Tadeo y Climaco Joel, sus únicos dos hijos. 

Frente a ello, con la sublime compañía y amor incondicional de su esposa, su amada Lolita, Joel logró fortalecerse con la suficiente entereza para aprender a vivir con ese gran dolor, ofreciendo siempre lo mejor de sí mismo, su gran entusiasmo, sus sentimientos, su corazón, su alma, su devoción y amor a la vida sin reserva ni medida, una entrega honesta, íntegra, total y absoluta a todo lo que lo que por amor y por su siempre espíritu de superación, emprendía construyendo con ello, la vida misma.

Con encontradas emociones traducidas a la pena y el dolor que por momentos revientan en lágrimas de tristeza que distorsionan la visión y borran la nitidez de la última imagen captada, es como por momentos ahora escribo este artículo y es como me despedí de mi hermano, con el corazón roto y el alma desgarrada por su partida, pero con el consuelo certero de saber que ahora Joel está en un mejor lugar, con Dios, en compañía de sus hijos y con nuestros padres.

Mi hermano con su partida deja en sus dos nietos, Joel Climaco y Kely Valeria, los más bellos pilares y más hermosos motivos para que su siempre amada esposa Lolita tome la fuerza para continuar de pie y siga siendo bendecida por el amor que él siempre le profesó en vida y que hoy trasciende más allá de la existencia misma y para que a través de sus nietos, por la vía del amor alojado en su interior, encuentre la guía para continuar el camino que a pesar de los pesares, aún resta por andar.

Mi gratitud eterna es hacia mi hermano mayor Joel porque hizo de su vida la más hermosa poesía y porque con él aprendí a vivir la vida personal y profesional con su ejemplo, sus palabras de aliento, con su presencia y con su extraordinaria forma de ver y sonreírle a la vida. Un gran ejemplo de superación, de honestidad, de bondad, de amor, gratitud y reconocimiento que permanecerá en mí para siempre en el alma hasta que el día nos volvamos a encontrar.

Va también mi gratitud, la de toda su familia, la mía y la de mis hermanos, a toda la sociedad, a todos sus amigos, a todos sus compañeros y a todo el pueblo que lo quiso y que lo quiere, por sus invaluables muestras de aprecio y cariño porque con ellos Joel construyó ese gran legado de optimismo y bondad que nos dejó. 

Nos cuesta trabajo tener que aceptar que él ya no está entre nosotros en este mundo físico, pero tenemos la seguridad que mi hermano no ha muerto ni morirá mientras todos en nuestros corazones, incluyendo sus "niiiiños y niñas también", atendamos su más sincera recomendación de ¡Ánimo! Y continuemos en el camino de la vida como él siempre nos lo pidió: "teniendo la bondad de ser felices".

QEPD Joel Sampayo Climaco.

Por hoy es todo, medite lo que le platico estimado lector, esperando que el de hoy sea un gran y productivo inicio de semana. Le reitero por favor, y con el permiso de mí hermano: "Tengan la bondad de ser felices". Nos leemos aquí el próximo lunes.

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