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AnfitriónDomingo, 27 de Agosto de 2017 12:01 p.m.

Aunque ya pasaron milenios desde que dejó de ser religión, la mitología grecorromana sigue muy presente en nuestra lengua, así de profunda fue la huella que dejó en nuestra historia. Muchas frases y palabras que hoy son de uso común, evocan míticos relatos que se contaban en aquellos remotos tiempos. A este linaje pertenece “anfitrión”, palabra a la que aquí sacudiremos el polvo de tiempo que la cubre, para descubrir sus secretos. 

A muchos nos encanta ser anfitriones. Apenas surge un motivo y ya estamos bien puestos para organizar la pachanga en nuestra casa. Nos esmeramos en atender a nuestros invitados y es grato ver que al final éstos se van contentos y bien servidos. Esto nos motiva para que, en cuanto se ofrezca, volver a apuntarnos como los anfitriones. 

Pero, ¿por qué le decimos anfitrión a quien recibe invitados en su casa? Aunque en el diccionario dice: “anfitrión: de Anfitrión, rey de Tebas, espléndido en sus banquetes”. La realidad es que el origen del uso que le damos a la palabra nada tiene que ver con las pachangas que pudo haber organizado este señor. Aunque pensándolo bien, para él, eso hubiera sido mejor, y ya ustedes verán por qué. 

Todo empieza en una de las intrincadas historias de la mitología griega. Alcmena, hermosa princesa de Micenas, era la mujer de Anfitrión, un valiente general de Tebas que era hijo de Arceo, rey de Tirinto. La valentía y estirpe de Anfitrión no fueron impedimento para que el prepotente Zeus, impresionado por la belleza de Alcmena, urdiera un plan para poseerla. 

Aprovechando una noche en que Anfitrión se dedicaba a sus deberes militares, Zeus, haciendo gala de sus habilidades taumatúrgicas, tomó la forma del desdichado esposo y ni tardo ni perezoso se acostó con Alcmena, que para nada notó la diferencia (o vayan ustedes a saber…), logrando así satisfacer sus depravados deseos. De esa unión habría de nacer el legendario Hércules, pero esa es otra historia. 

Este drama no se le iba a escapar a Plauto (254-184 a.C.), dramaturgo cómico romano, quien tomó el tema y escribió la comedia Anfitrión, mofándose de la suerte del general. 

Mucho tiempo después, en 1668, el dramaturgo francés Molière recreó la comedia de Plauto. En la escena final, se representa un banquete con todos los personajes y Socia, que era el mensajero del capitán Anfitrión, no sabe si está con su verdadero amo o con el dios Júpiter (Zeus entre los romanos) convertido en éste. Y cuando es invitado a la mesa, su preocupación termina y dice: “… le véritable Amphitryón est l`Amphitryon où l`on dine…”, que podría traducirse como “el verdadero Anfitrión es con el que se cena…”. 

La frase fue recibida con simpatía por el público y pronto Amphitryon se incorporó a la lengua francesa con el significado de “el que invita a cenar”. Habría de pasar un tiempo para que la palabra se incorporara al español; apareció por primera vez en el diccionario de la Real Academia Española en la edición de 1869. 

No sé qué piensen ustedes, pero quizá después de conocer esta historia, ya no nos cause tanto entusiasmo cuando se refieran a nosotros como los anfitriones. A veces es mejor vivir en la tranquilidad que da la ignorancia. 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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