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Amo a to, matarí-lerí-lerónDomingo, 8 de Noviembre de 2015 00:34 a.m.
Se extrañan aquellos tiempos, cuando el mundo de los niños giraba en las calles del barrio. Apenas empezaba la tarde y salíamos en tropel. Sin nunca haber llevado cursos de trabajo en equipo, ni de liderazgo, ni nada parecido, pronto se organizaba una agenda de divertidos juegos que sólo se interrumpía con la caída de la noche.

La variedad era enorme y la rudeza de algunos de ellos, obligaba a excluir a las niñas: el burro bala, el burro dieciséis, los caballazos, sólo por mencionar algunos. Ahora que, las niñas no se quedaban mirando, ellas también tenían sus juegos que les eran exclusivos: las comiditas, las muñecas y muchos otros.

Nunca se sabía el momento, pero cuando menos lo pensábamos, la barrera se rompía y niñas y niños forjábamos una cadena de manos y entonábamos cantos que brotaban de lo más profundo de la memoria popular. Uno que no podía faltar, era el matarí-lerí-lerón. En una formación de reminiscencia militar, dos grupos se movían en vaivén, cantando alternadamente. Muy extraño ese primer verso: “Amo a to, matarí-lerí-lerón”. ¿Quién sería ese misterioso y amado  “to”?

Sabiendo que buena parte de los cantos infantiles mexicanos nos llegaron de España, supuse que allá era buen lugar para descifrar el misterio. Menuda sorpresa me llevé cuando encontré que, en efecto, allá se conoce el canto; pero los niños españoles lo empezaban: “Ambo ató, matarí-lerí-lerile, ambo ató, matarí-lerí-lerón”.

 Bueno, al menos supe que nuestro “Amo a to”, es sólo un acomodo del “Ambo ató” peninsular. Pero, ¿entonces quién era “Ambo” y que fue lo que ató? ¡Rayos! Total que “sale uno de Guatemala para entrar en Guatepeor”. Por fortuna, encontré que una variante española más antigua y que aún sobrevive en algunas recónditas regiones de la península, empezaba con este verso: “Ambos a dos, matari-leri-lerile, ambos a dos, matari-leri-lerón”.

¡Ahora lo veo! No hay ningún “Ambo” y por lo tanto no ató nada, es otra distorsión, ahora del antiguo “ambos a dos”, aunque, ¿ambos a dos?, ¿y eso qué significa? ¡Uff, sigue el misterio!

Pues ¡sorpresa!, resulta que la expresión “ambos a dos”, era una redundancia de uso común en el castellano antiguo que todavía se oía en el Siglo XIX, la encontramos en gran cantidad de textos y es empleada por muchos escritores. A manera de ejemplo, de La fuerza de la sangre, novela que escribió Miguel de Cervantes en 1613, tomé estas líneas: “…y por camino derecho llevemos ambos a dos el yugo donde el cielo nos pusiere”.

 Bueno, al menos es una expresión que tiene sentido, aunque seguía la sospecha de que había algo más.

Tuvo que pasar un tiempo para que llegara la respuesta ¡Quién se iba a imaginar que había que buscar en Francia! De ahí es un antiguo canto infantil que empieza: “Ah! Mon beau château! (¡oh! mi bello castillo,) Ma tant’, tire, lire, lire. Ah! Mon beau château! Ma tant’, tire, lire, lo./ Le nôtre est plus beau, Ma tant’, tire, lire, lire; Le nôtre est plus beau, Ma tant’, tire, lire, lo”.

¡Todo está claro! Este canto francés llegó a España y los niños al oír “Ah! mon beau château…”, lo acomodaron a lo que les hacía sentido y  dijeron “Ambos a dos…” que era una expresión que les era común; es probable que al dejar de usarse la expresión, un nuevo acomodo dio lugar al “Ambo ató…” que al llegar a México, convertimos en “Amo a to…”. Mientras que el “Ma tant’, tire, lire, lire”, que es sólo un estribillo rítmico, ha viajado con apenas ligeros cambios.

No lo sabíamos, pero cuando nos divertíamos con aquellos cantos, de alguna manera también nos tomábamos de las manos co los niños del pasado y nos uníamos a una cadena en la que, muchos de nosotros, formamos el último eslabón.
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