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Alimentación emocional Por: Mayra Treviño Nutrición con propósitoMiércoles, 11 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

Encontrar refugio en la comida para aliviar nuestras emociones incómodas, se convierte en un hábito peligroso.

La alimentación emocional se caracteriza por una alimentación que no nace de una necesidad fisiológica (como el hambre), nace de una necesidad emocional (ansiedad, miedo, tristeza...) que se gestiona por medio de comida.

Todos en algún momento hemos pasado por ello y no debemos asustarnos, pero sí supone un problema si ocurre con mucha frecuencia.

Muchas de estas emociones nos hacen sentir una sensación de vacío y por eso recurrimos a la comida, porque comer se convierte en una falsa sensación de plenitud, pero este alivio a nuestro estado de ánimo es solo temporal.

La comida puede ayudar a aliviar las emociones inicialmente, pero abordar lo que realmente está ocurriendo detrás del hambre emocional es importante para evitar recaídas a largo plazo. Se trata de encontrar otras formas más saludables para liberar ese tipo de emociones y estados de ánimo como estrés, ansiedad, aburrimiento, tristeza, soledad o enojo.

¿Cómo identificar la alimentación emocional?

Aparece de repente. No nace de manera progresiva como el hambre fisiológica, sino que de manera automática nos apetece algo.

Los alimentos que nos apetecen suelen ser alimentos ultraprocesados o de alto valor calórico. por su composición nutricional, son alimentos altamente estimulantes de sensaciones placenteras, lo que conlleva a que recurramos a ellos para calmar o tapar una emoción desagradable, lo que hace que se refuerce la conducta.

En el momento que la llevamos a cabo, podemos llegar a perder el control y es complicado encontrar la sensación de saciedad. Comemos hasta que nos sentimos hinchados, lo que puede tener graves consecuencias para la salud.

Por todo lo anterior, suele finalizar con un sentimiento de culpa y de insatisfacción con nosotros mismos.

Consejos para gestionarlas:

Aprende a identificar la alimentación emocional.

Una vez identificada la emoción o pensamiento que lo ocasiona, reflexiona si la comida es el antídoto para resolver esa situación y piensa en cómo te sientes después de llevarlo a cabo.

Sí decides llevarlo a cabo, párate y respira. Al menos, vamos a intentar saborear los alimentos y disfrutar de la ingesta.

Intenta comer despacio y controla el tiempo. Procura que no hayan distracciones a tu alrededor (televisión, móvil, ordenador...).

No realices medidas compensatorias después, harán que aumente tu ansiedad.

Busca conductas alternativas a la comida, que también te produzcan placer.

Programa algunas actividades de autocuidado para la semana.

Identifica los alimentos que disparan tu alimentación emocional y evita su presencia en casa.

Organiza tu plan de comidas y no dejes pie a la improvisación.

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