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Alijon y Shlomo Por: Plácido Garza IrreverenteMiércoles, 29 de Julio de 2020 01:29 a.m.

Una vez, en las afueras de Tel Aviv, me "perdí" varios días, porque deambulando dentro de un kibutz me topé con varios ancianos que se esmeraban afanosamente en unos violines que lucían bastante maltratados.

Les platico: Al acercarme me di cuenta de que estaban enfrascados en una laboriosa y meticulosa tarea de restauración. 

Ninguno de esos violines era un Stradivarius o un Guadagnini; lo supe porque pude verlos muy de cerca. 

Eran cinco instrumentos ordinarios y cuando pregunté, la fascinante historia que escuché, hizo que me olvidara del mundo varios días:

Durante el holocausto, los judíos fueron privados de todas sus pertenencias. Muchos de quienes murieron en los campos de concentración eran intelectuales, artistas, letrados, gente culta, y entre ellos había músicos que se dedicaban al oficio por afición o profesionalmente.

Muchos de esos instrumentos fueron destruidos. Unos cuantos sobrevivieron. 

Los cinco violines que vi en el kibutz habían pertenecido a víctimas del holocausto y lo que los ancianos hacían era restaurarlos para que fueran tocados nuevamente.

Al mismo tiempo, en otras ciudades del Estado de Israel, sucedía algo muy parecido a lo que vi en Tel Aviv.

Manos cansadas, pero diestras, muchas de ellas sobrevivientes también de los campos de concentración, trabajaban en la restauración de otros instrumentos musicales que serían integrados en Jafa, para la celebración de un evento memorable.

Una semana después, tendría lugar en ese bello puerto del mediterráneo israelí, el primer concierto  Violins of Hope, promovido por el célebre laudero Amnon Weinstein. 

Su iniciativa es restaurar instrumentos musicales que sobrevivieron al holocausto –no así sus dueños– que al ser tocados nuevamente, cuenten sus historias para evitar que se cometan de nuevo esas atrocidades.

SHLOMO

Entonces, me "perdí" una vez más, porque por supuesto que fui a Jafa, y ahí, estreché por primera vez la mano de quien fue el solista principal de tan memorable concierto: el judío ruso Shlomo Mintz.

Muchos años después, aquí en Monterrey, volví a verlo.

Había tantísima gente esperándolo a la puerta de su camerino, que hubiera sido una impertinencia acapararlo para decirle que esa era la segunda vez que me lo encontraba.

Lo saludé, me tomaron una apresurada foto con él y vi dibujada en su rostro la misma sonrisa de Jafa. 

Disfrutar de su concierto fue una odisea. No había boletos. Fue el primer SOLD OUT de aquella temporada de la OSUANL. 

Traté desesperadamente de conseguirlos y como en mis tiempos de "hippie frustrado", me lancé al teatro sabiendo que de una forma u otra lograría entrar.

ALIJON

Lo vi llegar con el estuchote de su instrumento y aunque en ese entonces nos habíamos visto pocas veces, me reconoció. En su escaso español preguntó "¿tienes boleto?", y en mi escaso uzbeko respondí: "no". 

Apoyó su contrabajo en el piso, metió la mano a la bolsa interior de su frac y me entregó dos boletos; esbozó una sonrisa, y entró al teatro.

CAJÓN DE SASTRE

El jueves 16 de éste pandémico julio, quién sabe dónde andaba Shlomo, pero aquí en Monterrey, a sus cumplidos en mayo 45 años, murió Alijon Mamarasulow. 

placido.garza@gmail.com

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