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Al borde de la cornisa Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 14 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Según la narración, fue un suceso fortuito lo que develó la tremenda irresponsabilidad y las miles de tragedias que emergieron de este hecho vergonzoso. Fue gracias a un detector de radiación en el Laboratorio Nacional ubicado en Los Álamos Nuevo México, lugar donde se fabricó la bomba atómica, que se pudo investigar la magnitud del problema. En 1984, una camioneta proveniente de México pasó cerca de la carretera junto al laboratorio y activó las alarmas de radiación a niveles inconcebibles. La investigación apuntó a un hospital de Cd. Juárez. Sin embargo, para cuando descubrieron el peligro, la mayor tragedia nuclear en la historia de América Latina estaba ya en marcha.

Una investigación llevada a cabo en 1985 por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear apunta a lo siguiente: El Centro de Especialidades Médicas, ubicado en la fronteriza ciudad, adquirió un costoso equipo de tratamiento para ciertas enfermedades, el equipo tenía en sus componentes un elemento llamado cobalto-60, usado para terapias que incluyen radiación. El equipo requería de personal capacitado para su operación mismo que no estaba disponible en el hospital. Ante la falta de personal, el hospital desistió del uso del equipo y fue destinado a una bodega sin ningún tipo de protocolo de seguridad. En 1983, un técnico de mantenimiento tuvo a bien desarmar el aparato con el objetivo de vender sus piezas como chatarra y obtener así algún ingreso extra, todo esto sin el menor reparo en protocolos de seguridad. Fue así como se desencadenó la gran tragedia. Debido a que el cilindro que contenía el cobalto-60 pesaba alrededor de 100 kg, convocó a un amigo quien llegó al lugar equipado con una camioneta y unos guantes y entre los dos llevaron todo a un "yonke" al sur de Cd. Juárez en donde lograron vender el material. El equipo fue fundido y vendido como material de construcción en forma de varilla para casas habitación. Las varillas fueron distribuidas en lugares como Monterrey, Durango y San Luis Potosí. Se calcula que un total de 6,600 toneladas de varilla y 3,000 bases metálicas para mesas estaban contaminadas con radiación. Luego, las varillas fueron comercializadas en 32 estados de la República. Si bien algunas de las construcciones y varillas fueron requisadas o demolidas por la investigación de dicha comisión, muchas otras permanecieron en servicio durante los cinco años que se cree duran los efectos de la radiación activamente en el material. De los responsables no se supo nada hasta que la camioneta fue requisada luego de una investigación y controlada de acuerdo con los protocolos sugeridos por la comisión. Sin embargo, los efectos en la salud de miles de personas nunca fueron descubiertos en su totalidad, ni se tiene certeza de cuanta gente sufrió en carne propia los efectos de este monstruoso accidente.

Cuando la necesidad, la corrupción y la estupidez se unen, no hay salvación posible. En breve el estado de Nuevo León estará decidiendo a su próximo gobernador. Piensa muy bien tu voto, de verdad medítalo. Como vimos, estamos al borde de la cornisa, casi a punto de caer. Votar mal, por candidatos irresponsables y corruptos, puede llevarnos a la próxima tragedia incontrolable.

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