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Clima
¡Aguas!Domingo, 11 de Septiembre de 2016 02:05 a.m.
Desde los primeros años de la infancia, los mexicanos aprendemos que para avisar a alguien de algún peligro, nada mejor que el grito ¡Aguas! También decimos “¡échame aguas!”, para pedir a alguien que nos avise si de pronto aparece alguna amenaza mientras estamos entretenidos haciendo alguna tarea. Pero, ¿qué tiene que ver el agua con la presencia de algún peligro?

Para entender el origen de esta expresión, nada mejor que abordar el tren de la imaginación e ir de turistas a la España medieval y, en una fresca mañana, caminar por alguno de sus pueblos, aspirando el relajante olor de las calles terreñas humedecidas por el rocío matinal.

No pasaría mucho tiempo para que, de repente, como si alguien quisiera despertarnos de un sueño, de una ventana escapara un grito que rompería la tranquilidad matinal ¡Agua vaaa!. Enseguida, si nuestros reflejos no respondieran con satisfacción, nos hallaríamos escurriendo de pies a cabeza y no precisamente de agua. Los fétidos olores del baño recibido pronto nos enterarían de la cruel realidad.

Huella de esta costumbre, quedó documentada en el Diccionario de 1726 en el que dice: “¡Agua va!: Señal o palabra con que se avisa a los que pasan por la calle, que se arroja por las ventanas o canalones alguna agua o inmundicia”.

Un siglo atrás, en 1627, Gonzalo Correas en Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales, recogió y explicó una jocosa expresión de aquela época inspirada en esta costumbre: “Rocía que puede decir agua va: Se dice del grosero hablador, que con chispas de su saliva da a los otros en la cara; de tal también se dice que «Habla kon perdigones»”.

Esta insalubre práctica, que no fue exclusiva de España, fue causa importante de las pandemias que azotaron a los países europeos en aquellos años. Hoy, las cosas han cambiado, ya podemos hacer turismo por los países europeos sin temor a recibir un pestilente baño. En las ciudades  ya contamos con drenaje sanitario y ya no necesitamos arrojar inmundicias por las ventanas. En ambientes rurales se usan las letrinas, que nada tienen que ver con letras, lo que pasa es que es una derivación de la palabra “latrina”, que a su vez es una contracción de “lavatrina” (de lavar).

En ambientes urbanos usamos los “inodoros”, llamados así porque se supone que ya no huelen feo, aunque esto, a todos nos ha tocado comprobar que no siempre es cierto. También los llamamos “escusados”, que viene de “escusa”, que a su vez procede del latín “absconsus” que significa “escondido”. Así que los escusados son los “escondidos”, porque antes de que hubiera drenaje, se instalaban en lo más recóndito de las casas para que el usuario pudiera hacer sus necesidades con cierto grado de privacidad y los olores resultantes quedaran lo más lejos posible.

Sin duda, las cosas han cambiado. El uso de la expresión “¡Agua va!”, en su significado original dejó de tener sentido. No obstante, como huella de aquel antiguo rasgo cultural, cuando algo ocurre sin previo aviso decimos que ocurrió “sin decir ¡Agua va!”,  y de ahí también ha quedado que cuando los mexicanos queremos advertir a alguien de algún peligro, le gritemos  “¡Aguas!”.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos
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