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Agarrados del chongo Domingo, 6 de Agosto de 2017 02:02 a.m.

“¿Por qué los chongos se llaman chongos?”. La pregunta fue de Laura, una pequeña de cinco años en quien, muy temprano, se despertó la curiosidad de saber por qué decimos lo que decimos (esa niña tiene talento).

¡Vaya reto que nos ha planteado esta chiquitina! Sobre todo porque “chongo” es palabra que tiene diferentes significados en las diversas regiones del mundo hispanohablante. Pero, vamos a entrarle al toro y, con suerte, podremos satisfacer la curiosidad de la pequeña.

Hay que decir que la palabra “chongo” la encontramos en Sudamérica con significados muy alejados al que conocemos en México. En Argentina, tiene la connotación de “homosexual con papel masculino”; en Chile, “los restos de lo que alguna vez fue útil”; en Colombia es “lento, distraído”; en Puerto Rico es un caballo flaco; en Paraguay “amante de una mujer”; en Perú y Ecuador es prostíbulo y también “reunión o acto divertido y escandaloso” y en Venezuela, así llaman a los pollos blancos y robustos, aunque también son las personas con estas características.

Al parecer, todos los significados sudamericanos derivan de una palabra del kimbundú (lengua hablada en Angola) y que sería traída a América por los esclavos africanos de esa región. Ellos llamaron “chongos” a los de raza “descolorida”. La palabra encierra el concepto de “inútil”, y de seguro es la impresión que tenían ellos de sus opresores, que les dejaban todo el trabajo pesado. De este concepto de “inutilidad”, pueden explicarse varios de los significados mencionados.

Un mecanismo curioso en el lenguaje, es que cuando alguien repite mucho una palabra, luego las cosas se revierten y la palabra pasa a nombrar a quien la repite. Esto pudo pasar con “chongo”, que después los tratantes de esclavos la usaron para nombrar a los cautivos negros (que tanto repetían esta palabra). Así, los negros pasaron a ser “chongos”, y por las no pocas veces que las damas europeas buscaron los favores sexuales de éstos, la palabra adquirió el significado de “amante” y después “parte activa de una relación homosexual”. Bastaría un pequeño salto para tomar el significado de prostíbulo y “diversión”.

Pero, es hora de dejar al enredijo de significados sudamericanos y volver a México. En nuestro país, de un “chongo”, lo más entendido es que es el cabello retorcido y apretado, a manera de bollo en la parte posterior de la cabeza; aunque ahora, también puede ser una trenza o una cola de caballo. El origen africano no da para explicar este significado; de modo que hay que buscar en nuestras lenguas autóctonas.

Lo más probable es que el chongo mexicano, se haya derivado de la voz náhuatl “tzonco”, que deriva de “tzontli” (cabello) y que, por metáfora, encierra la idea de “la parte más alta”. Prueba de esto es que, en esta lengua, “itzonco” significa la parte más alta de la casa (parte superior del techo). Además, hallamos gran cantidad de palabras náhuatl que llevan la raíz “tzon” y que se refieren ya sea al cabello, a la cabeza o a la parte alta de una montaña, de un árbol o de cualquier cosa.

Así que “tzonco” sería un arreglo del pelo que se elevaba sobre la cabeza y que al adaptarse a la fonética castellana, pasaría a pronunciarse “chongo”, dando origen a este mexicanismo.

Después se acuñaron frases que involucran a esta palabra y que aderezan nuestro hablar cotidiano, como: “me dejaste con el chongo hecho” para reclamar a alguien que te dejó plantado; “se agarraron del chongo” para decir que hubo un pleito y “soltarse el chongo o deschongarse” que es desinhibirse. También recuerdo una folclórica expresión para manifestar que se acepta lo que sea, con tal de no perder el todo: “Ya no la quiero con chongo... aunque que sea pelona”.

Es cierto, es una respuesta muy elaborada para una pequeña de cinco años, pero el tiempo pasa rápido y llegará el día en que Laura pueda leer estas líneas y apreciar que su curiosidad motivó que se escribieran estas letras.





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