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Aflicción a la muerte... Por: Ron Rolheiser Ron RolheiserMartes, 19 de Enero de 2021 00:00 a.m.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la historia de Zorba, el Griego, ya sea a través del famoso libro de Nikos Kazantzakis o a través de la película. Bueno, Zorba no era un personaje de ficción. Él era una persona real, Alexis Zorba, quien tenía una personalidad y una energía tan grandiosas que cuando murió, Kazantzakis encontró su muerte muy difícil de aceptar, incrédulo de que tal energía, brío y color fueran mortales.

Al enterarse de la muerte de Zorba, esta fue la reacción de Kazantzakis: "Cerré los ojos y sentí que las lágrimas rodaban lenta y cálidamente por mis mejillas. Está muerto, muerto, muerto. Zorba se ha ido, se ha ido para siempre. La risa está muerta, el canto cortado, el santir roto, el baile sobre los guijarros del mar se ha detenido, la boca insaciable que cuestionaba con tan incurable sed se llena ahora de barro. ... Tales almas no deberían morir. ¿Podrán la tierra, el agua, el fuego y el azar volver a crear un Zorba? ... Era como si creyera que él era inmortal".

A veces es difícil creer que una determinada persona pueda morir debido a la vida y la energía que él o ella encarnó. Simplemente no podemos imaginarnos ese pulso de vida muerto, quieto, desaparecido para siempre de este planeta. Ciertas personas parecen estar exentas de la muerte porque no podemos imaginarnos tal energía, color, generosidad y bondad muriendo. ¿Cómo puede morir una energía tan maravillosa?

Lo he sentido muchas veces en mi vida; más recientemente, la semana pasada, cuando dos antiguos colegas, ambos hombres especialmente animados, coloridos, ingeniosos y generosos, murieron. Kazantzakis me vino a la mente y su lucha por aceptar la muerte de Zorba, junto con la forma en que trató de lidiar con esa muerte. Decidió que intentaría "resucitar" a Zorba, traerlo de vuelta a la vida, llevando su historia al mundo de tal manera que transformara su vida en un mito, una danza y una religión.

Kazantzakis creía que esto es lo que hizo María Magdalena a raíz de la muerte de Jesús, cuando dejó su tumba y regresó al mundo. Resucitó a Jesús contando su historia, creando un mito, un baile y una religión. Entonces, a raíz de la muerte de Zorba, Kazantzakis se dijo a sí mismo: "Démosle nuestra sangre para que pueda ser devuelto a la vida, hagamos lo que podamos para convertir a este extraordinario comedor, bebedor, caballo de batalla, cazador de mujeres, y vagabundo vivir un poco más: este bailarín y guerrero, el alma más vasta, el cuerpo más seguro, el llanto más libre que he conocido en mi vida."

¡Bendito sea su esfuerzo! Fue una gran historia, un mito apasionante, más nunca fue una religión o un baile eterno porque eso no es lo que María Magdalena hizo con Jesús. No obstante, todavía hay algo que aprender aquí sobre cómo lidiar con una muerte que aparentemente le quita algo de oxígeno al planeta. No debemos dejar que esa maravillosa energía desaparezca, sino mantenerla viva. Sin embargo, como cristianos, hacemos esto de una manera diferente.

Leemos la historia de María Magdalena de manera muy diferente. María fue a la tumba de Jesús, la encontró vacía y se fue llorando; pero... pero, antes de poder contarle a nadie alguna historia, conoció a un Jesús resucitado que le contó cómo su energía, color, amor, persona se encontrarían ahora; es decir, en una modalidad radicalmente nueva, dentro de su espíritu. Eso contiene el secreto de cómo debemos dar vida a nuestros seres queridos después de su muerte.

¿Cómo mantenemos vivos a nuestros seres queridos y a la maravillosa energía que trajeron al planeta después de su muerte? Primero, reconociendo que su energía no muere con sus cuerpos, que no sale del planeta. Su energía permanece viva, todavía con nosotros, más ahora dentro de nosotros, a través del espíritu que dejan atrás (como Jesús dejó atrás su espíritu). Más aún, su energía nos infunde cada vez que entramos en su "Galilea"; en otras palabras, en aquellos lugares donde sus espíritus prosperaron y exhalaron oxígeno generativo.

¿Qué significa eso? ¿Qué es la "Galilea" de alguien? La "Galilea" de una persona es esa energía especial, ese oxígeno especial, que exhala. Para Zorba, fue su valentía y entusiasmo por la vida; para mi papá, fue su terquedad moral; para mi mamá, fue su generosidad. En esa energía, exhalaron algo de Dios. Siempre que vamos a esos lugares donde sus espíritus exhalaron la vida de Dios, respiramos nuevamente su oxígeno, su danza, su vida.

Como todos ustedes, a veces me ha sorprendido, entristecido y sido incrédulo la muerte de cierta persona. ¿Cómo podía morir esa energía especial? A veces, esa energía especial se manifestaba en la belleza física, la gracia humana, la valentía, el entusiasmo, el color, la firmeza moral, la compasión, la gracia, la calidez, el ingenio o el humor. Puede ser difícil aceptar que la belleza y el oxígeno que da vida puedan aparentemente abandonar el planeta.

Al final, no se pierde nada. En algún momento, en el tiempo de Dios, en el momento adecuado, la piedra retrocederá y, como María Magdalena al alejarse de la tumba, sabremos que podemos respirar esa maravillosa energía nuevamente en "Galilea".

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