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Adefesio mal hechoDomingo, 22 de Enero de 2017 00:18 a.m.

Cuando alguien nace feo, ni hablar, tiene que aprender a vivir con esa condición que le ha endilgado la naturaleza y soportar el escarnio popular que lo atosigará con frases como: “eres más feo que un carro visto por abajo”, “eres más feo que un chino comiendo limones” o “eres tan feo que tus fotos no pasan por Internet porque las detecta el antivirus” y otras aún más perversas.

Una curiosidad es que, en España, la referencia de la fealdad es un tal Picio, personaje de principios del siglo XIX que, según la leyenda contada por José María Sbarbi, era un zapatero de Alhendín que durante la época de la invasión francesa cometió un delito por el que fue condenado a muerte. Ya en capilla, recibió la noticia de su indulto. Fue tal la impresión que le causó la buena nueva, que al poco tiempo se quedó sin pelo, sin cejas y sin pestañas. Además, su cara se deformó por unos tumores que le salieron en la cabeza y el rostro, lo cual lo convirtió en personaje proverbial, porque desde entonces, para encarecer la fealdad de alguien, allá le dicen que es más feo que Picio.

En fin, que nos digan que estamos feos no es tan grave, porque siempre podremos hallar consuelo en la proverbial afirmación de que un hombre, para que lo sea, debe ser feo, fuerte y formal; ahora que, si la no agraciada es una dama, para ella está el refrán que reza “la suerte de la fea, la bonita la desea”. ¡Qué maravilla! El lenguaje siempre acude al rescate.

¡Ah!, pero ¿qué tal si nos dicen que somos un adefesio mal hecho? ¡Ay Dios, eso sí que suena feo! Y no hay refranes que acudan en nuestra ayuda... Por lo menos sería bueno saber de dónde salió tan horrenda palabra.

Según el diccionario, un adefesio puede ser un disparate, una vestimenta ridícula, o una persona o cosa extremadamente fea. En textos antiguos encontramos que adefesio encerraba el concepto de “hablar sin hacerse entender”. El origen de la palabra lo explicó muy bien Gonzalo Correas en 1617, cuando en Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales escribió acerca de ella:

“Hablar adefesios es hablar sin fruto. Adefesios se corrompió de ‘Ad-Efesios’ que significa ‘A los de Éfeso’, pueblo a quienes San Pablo escribió y fueron muy pocos los convertidos a esta fe, a causa de la ceguedad que tenían por su diosa Diana y otras hechicerías. Por similitud, ahora decimos ‘adefesios’ cuando se habla con quien no entiende, y también se dice del que habla sin fruto y sin propósito”.

Al paso de los años, la palabra “adefesios” fue adoptada en el argot de la literatura para referirse a los textos embrollados y por lo tanto ininteligibles y feos. El mayor insulto que se podía proferir a un escritor era decirle que escribía “adefesios”. El atributo de fealdad y mal hechura de estos textos trascendió del ambiente literario, y en el hablar coloquial pasó a nombrar a cualquier cosa fea, disparatada o mal hecha, incluido el físico de una persona.

Así es la historia de esta palabra, que en resumen inició su viaje con San Pablo y los testarudos efesios que no le hicieron caso, y pasó luego a nombrar a los cabeza dura que no entendían de razones; después, a quien no se daba a entender, y de ahí, los adefesios pasaron a ser los textos literarios incomprensibles y por lo tanto feos (espero que este no sea uno de esos); para, finalmente, terminar el viaje y nombrar a cualquier cosa fea y mal hecha.

Algún añejo resentimiento debe guardarse en esta palabra, porque, que te digan que estás feo, pasa, pero que te digan que eres un adefesio mal hecho… ¡Ay Dios, eso sí que duele!  

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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