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¿Aceptaríamos los mexicanos a un dictador?Por: Ignacio Gómez-Palacio La HormigaViernes, 23 de Abril de 2021 02:00 a.m.

Estamos frente a quien se encuentra en vías de meterse a la manga a los tres Poderes de la Unión. Si el Legislativo ya está "comprado" y el Judicial se hace como el que no oye, estamos a punto de configurar al Autócrata de Palacio Nacional, al que le dedicaremos otra Hormiga, ya que cuando esto escribo, aún no ha decidido la Cámara de Diputados darle al desubicado presidente de la Suprema Corte dos años más en la silla, en flagrante violación de la carta fundamental del país. Esta Hormiga analizará el tema de si la conducta implacable e in crescendo de AMLO la seguiremos aceptando como borreguitos bien portados. 

En mi carácter de consultor senior de la ONU durante mas de una década, designado por el Centro de Estudios de Empresas Transnacionales (Center of Transnational Corporations),  asesoré a diferentes países en su relación con la inversión extranjera. Muchas de las misiones que desempeñé las hice en países con presencia de un dictador o a días de haber salido de dicho flagelo. Entonces, de 1980 hasta los primeros años de los 90, un sinnúmero de países carecían de expertos en la materia, razón por la que a petición de estos se estableció el mencionado centro. Mi primera experiencia fue en Cuba. Asistí en compañía de otros dos miembros de la misión al Consejo de Ministros en La Habana, similar a lo que hice en otros países, donde las pláticas se realizaban a nivel vicepresidente y miembros del gabinete relacionados con temas económicos. Lo que viví me da cierta base para opinar sobre este delicado tema.

Concluí que a un dictador se le acepta con facilidad cuando concurre lo siguiente, aunque esta es una observación general que conoce excepciones:

1. La presencia de un personaje fuerte y decidido.

2. Que haya accedido al poder por la vía institucional o a falta de instituciones (Cuba, en este último supuesto).

3. Que disponga de la fuerza pública (ejército, guardia nacional, policía, etc.).

4. Que no exista en el país una fuerte nacionalidad (Alemania es el caso de excepción), en parte provocada por disparidad en el ingreso.

A diferencia de los ingleses, franceses, otros países europeos e inclusive los estadounidenses, en la mayoría de los países latinoamericanos, africanos y bastantes más, la gente no es capaz de reaccionar con la necesaria cohesión y convencimiento para defender sus valores y manera de vivir. No están unidos. No consideran que son parte de una nación con reglas y trato igual para todos. El "país", desde un punto de vista legal, está compuesto por diferentes etnias o grupos sociales que integran un multiculturalismo en proceso de unificación, que no acaba de conformarse sociológicamente, como lo demanda una verdadera nacionalidad. Los corajes, celos y resentimientos entre ellos y su falta de unión, es caldo de cultivo para que surja un dictador. 

Me sorprendió observar el grado en que el dictador doblega a ciudadanos de países donde la presencia del analfabetismo es reducida y existen tradiciones de ser amantes de las letras y las artes, como: Rumanía, durante 22 años, bajo la mano férrea de Nicolae Ceausescu, que construye su mansión-castillo personal de seis pisos de altura y 16 hectáreas cuadradas de construcción y obliga a los ciudadanos a trabajar en su edificación; o Albania, donde el dictador durante más de 40 años, Enver Hoxha, saca del mercado a las plumas, lápices y papel para escribir y obliga a los habitantes, expulsados de sus casas tradicionales, a ocupar multifamiliares con graves problemas de higiene, etc.

Igual a los anteriores ejemplos, nosotros tenemos una nacionalidad legal, pero carecemos de nacionalidad desde el punto de vista sociológico. Nos debatimos entre el norte y el sur y la inmensa gama multicultural que hace de nuestro país un mosaico atractivo para el turismo, pero dividido políticamente. Además, tenemos gran disparidad en nuestros ingresos. Ver mi anterior Hormiga: ¿La nacionalidad mexicana? (bit.ly/3ay9aPc).

Concluyo que no tengo la menor duda de que los mexicanos aceptaríamos a un dictador. No pensamos igual. No estamos unidos. Para gran parte de 

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