icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Acabó como el rosario de AmozocDomingo, 9 de Octubre de 2016 01:32 a.m.
Suele suceder, que en algunos eventos, por circunstancias no siempre explicables, en las personas se despierta ese instinto primitivo que induce a la violencia y lo que era oportunidad de convivencia fraternal, termina en gran trifulca. Cuando esto sucede, en México solemos decir que aquello acabó “como el rosario de Amozoc”.

Amozoc es un municipio del estado de Puebla, nombre náhuatl que significa ‘lugar sin lodo’. Ahí, buscando el origen de la expresión, recogí un relato en el que la historia se mezcla con la imaginación popular. Así dicen que sucedió:

En la época colonial, los artesanos se agrupaban en gremios. Una de sus obligaciones era costear las festividades del santo patrono. Pues bien, se dice que un día, surgió la discordia entre el gremio de plateros de Amozoc, al grado que se formaron  dos bandos fieramente antagónicos y cada uno hacía sus fiestas. Es relevante, como se verá después, que la manceba del jefe de uno de los grupos era una hermosa joven apodada “la Culata”. Tras largas pláticas en presencia de autoridades, ambos bandos acordaron unirse para celebrar las festividades de la población.

Pero sucedió que durante el canto de la letanía que sigue al rosario, cuando el coro cantó Mater Immaculata, en latín, algunos creyeron oír “maten a la Culata”. Entonces, sin más, ambos bandos se lanzaron a la refriega empuñando cuchillos, puñales y machetes, armándose un mitote donde hubo muertos, heridos y golpeados. Desde entonces, cada vez que un evento termina así, se dice que acabó como el rosario de Amozoc.

Simpática leyenda, no cabe duda, pero parece más apegado a la historia lo que cuenta Darío Rubio en su libro Refranes, Proverbios y Dicharachos Mexicanos, 1937:

Fue en el año 1797 cuando, tras terminar de rezar el rosario, como era costumbre, los habitantes de Amozoc cargando cada quien un cristo, salían en procesión por la puerta principal del templo para luego volver a entrar por la puerta de la sacristía. Ahí los esperaba el sacristán para pedir a los fieles como limosna un medio (moneda con valor de ¢6 centavos). Sucedió que un hombre que llevaba un cristo muy grande, pago su medio y la señora que venía tras él, se negaba a pagar tal cantidad, alegando que su cristo era más pequeño y por eso su limosna debería ser menor. Regateando la mujer y no cediendo el sacristán, la marcha se detuvo y los desesperados fieles empezaron a gritar, luego a empujarse y a maldecirse, para pasar después a los golpes con pies, manos y hasta los cristos que llevaban los usaron como armas contundentes.

Tras este penoso evento, el intendente Manuel de Flon y Teja prohibió esta celebración y, aunque la tradicional procesión con los cristos ya no se volvió a realizar, su historia quedó en la memoria popular con la frase “Acabó como el rosario de Amozoc”.

Coincidencias tan extrañas de la vida


En España nada se sabe del rosario de Amozoc. Pero, cuando una reunión termina en gran trifulca, allá se dice: acabó como el rosario de la aurora, y a veces añaden “…a farolazos”. Las calles de los antiguos pueblos españoles, solían iluminarse por la madrugada con los faroles de las procesiones que entonaban cantos religiosos, para luego terminar rezando el rosario con gran devoción. Los llamaban “rosarios de la aurora”. Se cuenta que, en Espera, pueblo gaditano, hubo un rosario en el que los cofrades tuvieron un violento encuentro con unos muchachos que, a esas horas, terminaban la parranda. Alentados por su estado inconveniente, los irreverentes mozos lanzaron insultos a los fieles, acabando aquello en enconada riña. De esta anécdota, quedaría que los españoles también tuvieran su “rosario”, para referirse a las reuniones que terminan mal.

¡Vaya!, si hasta rezando el rosario la violencia encuentra modo de hacerse presente, qué podemos esperar de eventos deportivos, manifestaciones políticas y tantas otras actividades en las que las emociones suelen dominar al entendimiento.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos
OpenA