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Abuso sexual infantil Por: Susana López Reséndez No es de LocosJueves, 30 de Julio de 2020 01:24 a.m.

¿Es necesario hablar de sexualidad con mi hijo? ¡SÍ!

México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil, según la OCDE. Las cifras son desalentadoras pues sólo uno de cada cien casos son denunciados. El abuso puede ir desde tocamientos, mostrar partes del cuerpo, miradas incómodas, hostigar hasta violar.

Comúnmente el enemigo vive en casa, con esto me refiero a que los principales agresores tienden a encontrarse dentro del círculo familiar: padres biológicos, padrastros, hermanos, abuelos, tíos, sobrinos, primos, cuñados, etc. En algunos otros casos, el abusador viene del exterior del círculo: maestro, desconocido, trabajador, etc.

No puedo dejar de preguntarme: ¿Qué ocurrirá en nuestro país para que lleguemos a ese deshonroso primer lugar?. Definitivamente entran en juego una serie de factores: culturales, socioeconómicos, religiosos, familiares, etc. Sin embargo, hay una constante que observo que viene desde mucho tiempo atrás: la falta de educación sexual desde edad temprana.

Hablar de sexualidad va más allá de lo genital, tiene que ver con nuestro cuerpo entero, nuestros afectos e intereses, cómo nos percibimos emocionalmente, qué es ser una mujer y qué es ser un hombre (en caso de los niños y estereotipos de género: el azul es de niños y el rosa de niñas), cómo decidimos disponer de nuestro cuerpo y como gozamos nuestro erotismo.

Muchos padres en consulta, se espantan cuando les pregunto si han comenzado con la educación sexual. Y es que a partir de los tres años, además de que ya diferencian géneros, el lenguaje del niño ya ha llegado a un momento en el que idealmente se ha estructurado de manera en que posee una comprensión adecuada de hasta dos mil palabras y elabora oraciones con cuatro a cinco palabras pudiendo describir ya objetos y acciones.

Menciono esto, porque es entonces que el niño cuenta ya con la capacidad de comprender un discurso, en este caso el discurso sobre su cuerpo.

Para empezar, hay que enseñarle a nombrar las partes del cuerpo por su nombre tal cual nombraríamos pie o cuello: pene, vulva y glúteos o pompis (evitando a toda costa los apodos: "la conchita, ahí, winnie-winnie").

En segundo lugar, hay que enseñarle qué es un tocamiento bueno y malo. El primero incluye los abrazos, una palmada en el hombro, sujetarse las manos y las cosquillas. Mientras que un tocamiento malo incluye cuando alguien nos quiera aventar, golpear, empujar y sobre todo: tocar nuestras partes privadas.

Este discurso no solamente sirve como la mejor preventiva, pero también porque es básica en la comprensión del cuerpo que habita y el mundo que nos rodea. #NoEsDeLocos cuestionarnos nuestros propios prejuicios, #NoEsDeLocos hablar de sexualidad con tus hijos y #NoEsDeLocos pedir ayuda cuando no sabes cómo abordar el tema.


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