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Monterrey, NL
Clima
A tus praderas y flores... Por: Rolando Ibarra Ecología RegiaMiércoles, 16 de Septiembre de 2020 02:00 a.m.

La celebración por el aniversario de nuestra independencia el día de hoy se ve marcado por reflexiones contrastantes. Lamentablemente, en unas y en otras parece hay poco espacio para incluir una reflexión sobre la riqueza ambiental de nuestro país.

Pocos parecen continuar dándole importancia a aquellos volcanes, praderas y flores, a los que la famosa canción de "México lindo y querido" se refiere como talismanes del amor de sus amores.

¿Qué valor damos realmente los mexicanos al patrimonio natural que nos ha sido obsequiado?

En Nuevo León sería difícil responder esta pregunta sin correr el riesgo, muchos, de morderse la lengua.

Tenemos al ultrajado parque Fundidora que originalmente tenía una vocación de ser un espacio natural de la ciudad. Sin embargo, poco a poco lo fueron convirtiendo en un albergue de museos, salones de eventos, conciertos y una pista que originalmente fue construida para carreras de autos.

Tenemos un Cerro de las Mitras agujerado y pedreras que ahora amenazan hacer lo mismo con áreas protegidas en Higueras y Doctor González; proyectos de campos de golf y fraccionamientos residenciales amenazando el Parque Nacional Cumbres; industrias contaminando el rio Pesquería; un viaducto que se construye invadiendo el cauce del río Santa Catarina y agroempresarios devastando los pastizales en Galeana donde habita el perrito de la pradera.

¿Cómo es que ha sucedido todo esto? No podemos ni debemos culpar sólo a nuestros gobernantes por no preservar  la cultura ambiental que no sé si alguna vez hubo en el país. De hacerlo, haríamos mal en únicamente señalar por la negligencia ambiental del aparato público a los gobiernos de López Obrador en el país o de Rodríguez Calderón en Nuevo León. La falta de importancia que uno y otro tiene por el medio ambiente son consecuencia de décadas de ausencia de una gestión ambiental pública efectiva.

En el libro La Crisis de la Tierra en México, escrito por Tom Gill en 1951, el autor señala que la falta de valor que damos a los recursos naturales surge de nosotros mismos. Consciente o inconscientemente, afirma el autor, somos nosotros quienes decidimos sobre el uso de estos recursos y el desgaste de ellos se da por la forma de vida que la ciudadanía elige.

Como ejemplo de ello, el libro señala que la población de los países escandinavos mantiene un nivel de calidad de vida excepcionalmente elevado a pesar de disponer de escasos recursos.

Seguramente el ciudadano común de México los agotaría en muy poco tiempo.

El autor afirma que "a menos que las actuales tendencias se cambien profundamente, la mayor parte de México dentro de 100 años será o bien un desierto o un lugar capaz solamente de mantener una población humana a escasos niveles de subsistencia". Considerando que esta es una publicación de 1951, hoy podemos darnos cuenta de que su predicción está cerca de volverse realidad.

Triste pronóstico para ser considerado en un día de celebración. Cuando la principal preocupación en estos días fue saber si el semáforo de la pandemia iba a permitir que la fiesta del Grito de la Independencia se llevara a cabo en la Macroplaza.

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