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A soltar el vasoDomingo, 19 de Mayo de 2019 01:52 a.m.

Hace tiempo, un colega me envió la siguiente historia que se inicia así: “Una psicóloga en una sesión grupal levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la pregunta: ¿está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, ella preguntó: ¿Cuánto pesa este vaso? Las respuestas variaron entre doscientos y doscientos cincuenta gramos”.

Pero la psicóloga respondió con un concepto que deberíamos de tener muy en cuenta al enfrentar una situación conflictiva: “El peso absoluto no es importante. Todo depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema; si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportar se vuelve”. Y continuó con un concepto-recomendación muy importante: “Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, empiezan a doler. Y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada”. Mi colega termina diciéndome: “Acuérdate de soltar el vaso, mata las arañas (elimina esos agravios, rencores, conflictos). Sí, esas arañas que sacamos de vez en cuando del ropero, las alimentamos con más rencor para que crezcan y las volvemos a guardar para así no olvidar los agravios, para no soltar el vaso que cada vez se vuelve más pesado”. Pero también me recomendó usar el concepto chino llamado Weiji, el cual es una palabra del idioma chino, que se traduce como “crisis”, la cual tiene dos conceptos (ideogramas): Wei, que quiere decir “peligro”, y Ji, que quiere decir “oportunidad”. Que al ver su definición, me dije es una manera de soltar a tiempo el vaso. Y me pregunté: ¿qué camino debemos de seguir ante una crisis? En México hemos tenido y seguimos teniendo un buen número de ellas. Podemos seguir dos caminos. En el primero, nos atemorizamos y nos deprimimos; la crisis se ve de una manera pesimista, como un peligro fatal que nos motiva a no hacer nada para no desgastarnos, que nos motiva a no soltar el vaso. O, por el contrario, en el segundo camino analizamos la crisis y decidimos afrontarla con optimismo y coraje para sacar el máximo provecho de las oportunidades que nos brinda esa situación crítica. Las crisis deberían de generar oportunidades. Nos deberían de obligar a mirar hacia adentro de nosotros, de nuestra organización, a reorganizarnos, a descubrir nuestras fuerzas y debilidades, a definir nuestras estrategias de cambio, a precisar nuestro nuevo rumbo, a ayudarnos a soltar el vaso. Ello sin olvidar que las crisis pueden generar miedo, y el miedo nubla la inteligencia, por lo que deberíamos de enfrentarlas con coraje y valentía. Finalmente, les comparto un excelente comentario de Albert Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis nos hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno de nosotros, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla”. Sin olvidar que reconocer es tan importante, que se escribe igual al derecho y al revés.

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