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¿A poco Urzúa era secretario de Hacienda y Crédito PRIVADO? Jueves, 11 de Julio de 2019 01:40 a.m.

‘Vicios privados, públicas virtudes’

Por eso Urzúa le dijo en público a López Obrador lo que algunos piensan que debió decirle en privado. Porque todo lo que concierne al manejo de la lana de un país es PÚBLICO, pues por andar haciendo las cosas en PRIVADO, nos quejamos de la corrupción galopante que el PRI y el PAN nos endilgan desde hace generaciones, y lo digo en presente porque López Obrador necesitaría tener ojos y garras en cada estado, en cada municipio, en cada dependencia de gobierno, para que su adagio de que con él se acabó la corrupción pase de ser un eslogan.

Les platico: que Urzúa equivocó las formas, que fue ingrato y malagradecido, que traicionó a no sé quién, que le ganó el enojo y el ego, que debió comérsela solito y en privado y no en la mesa y en público, que le valió madres renunciar en martes y no en fin de semana para no fregar a los indicadores económicos, que si esto que si lo otro. 

Todo sale sobrando si tomamos en cuenta que el más claridoso para decir y hacer las cosas es el propio López Obrador.

Él no se anda por las ramas ni cuidando formas; si trae algo en mente, ni lo consulta, lo suelta y se lo avienta al que cree que debe saberlo.

Contrario a la añeja frase popular de que “en política, la forma es fondo”, con López Obrador el “fondo es forma”, por eso saca de onda a su propia gente cuando los desdice y los corrige EN PÚBLICO.

Bueno, pues Urzúa le dio a su jefe una sopa de su propio chocolate. En vez de “aventar el arpa” como muchos agachones lo hacen diciendo “renuncio por motivos personales” cuando en realidad les dejaron caer el contrabajo encima, él dijo públicamente por qué se fue.

No debe haberle extrañado que lo hiciera, porque el exministro de Hacienda le platicó antes al inquilino del Palacio Nacional lo que traía en mente. Por eso, el último sorprendido de su renuncia fue el propio AMLO.

Deben haber hablado del asunto unos días antes de que se diera la octava dimisión notable de su gabinete, después de Clara Torres Armendáriz como directora de Estancias Infantiles de la Secretaría de Bienestar (febrero 17); de Simón Levy a la Subsecretaría de Planeación y Política Turística (abril 12); de Patricia Bugarín, segunda de a bordo en la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (mayo 15); de Germán Martínez a la dirección general del IMSS (mayo 21); de Josefa González Blanco como titular de la Semarnat (mayo 25); de Tonatiuh Guillén López a la dirección general del Instituto Nacional de Migración (junio 14) y de Guillermo García Alcocer a la presidencia de la Comisión Reguladora de Energía (junio 15). Uff, muchos para tan poquitos meses de un mandato presidencial.

A lo más que pudo haber llegado AMLO es a pedirle a su colaborador que aguantara al fin de semana, pero de ahí a tratar de disuadirlo, no creo, porque el cambio de mando en la Secretaría de Hacienda y Crédito PÚBLICO, le viene bien a sus intenciones de control absoluto.

Nada de hacerse rejego ante los mandatos y las recomendaciones de cosas qué hacer y de enviarle a gente para que le “ayuden” al secretario en sus tareas hacendarias. 

Nada de hacerse rosca si Poncho Romo le manda gente para que ocupe puestos clave, como todos los directores de la banca de desarrollo, que le reportan más a Romo que al mismito secretario de Hacienda, y si no pregúntenle a Eugenio Nájera Solórzano, que fusionó por sus pistolas y las de Poncho, a Nafinsa y Bancomext. 

Lo que éste par de regios hizo al juntar a Nacional Financiera con el Banco de Comercio Exterior  fue –hagan de cuenta– pedirle a un pitcher que tira rectas de 100 millas, que batee 45 jonrones en una temporada, o que a un cátcher le exijan que se robe 30 bases en un año, o que a un primera base zurdo lo pongan a jugar la tercera, y perdonen que utilice esta beisbolera analogía que a lo mejor muchos no van a entender, pero el Presidente sí, porque le sabe muy bien al rey de los deportes.

Entonces, el que llega a Hacienda conoce los modos del mánager que manda todas las señales desde su palaciego dugout, porque fue su timonel en la CDMX cuando entró a relevar al abridor en Finanzas Gustavo Ponce, el que fue atrapado en tira-tira robándose la lana de los espectadores en los campos de juego de Las Vegas. 

Que Herrera tiene experiencia, que los mercados lo van a terminar queriendo, que no es que estaba asustado cuando le tomaron las fotos en su nombramiento sino que estaba concentrado, que si esto, que si lo otro. 

Todo eso sale sobrando porque, a todas luces, Herrera ha jugado nada más en las ligas menores del beisbol, el deporte que tanto gusta al Presidente, y nunca ha pisado un estadio de grandes ligas.

Y ¿saben qué? México necesita a un big leaguer como titular del equipo de Hacienda. 

En este ir y venir entre lo público y privado, según la carta de Urzúa, las intenciones de los personajes cercanos al Presidente, de meterle gente que no le sabe a la cosa de Hacienda, quizá fueron PRIVADAS, pero sus efectos son irremediablemente PÚBLICOS.

Ahora sabemos que es Romo a quien se refiere Urzúa en su escrito; el Presidente lo aceptó, pero negó que el regio cometa conflicto de intereses. A estas alturas, eso es más anecdótico que otra cosa.

CAJÓN DE SASTRE 

“En 1976 una película del húngaro Miklós Jancsó impactó a la audiencia. Se llama Vicios privados, públicas virtudes, donde haciendo a un lado la temática, su título prevalece en muchos escenarios –y la política es uno de ellos– al dejar las tareas ‘sucias’ en el ámbito privado y torcerlas luego de tal modo que ante el público aparentan ser muy ‘limpias’. No sé por qué me acordé de esta cinta con la renuncia de Urzúa”, dice la irreverente de mi Gaby.

placido.garza@gmail.com

   


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