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Clima
¡A comer!Domingo, 9 de Agosto de 2015 01:50 a.m.
Barriga llena, corazón contento’, así reza un refrán cuya sabiduría nadie pone en duda y es que, como decimos en México, ‘el hambre es canija’. En las mañanas, al levantarnos,nuestras tripas piden a rugidos el desayuno, la palabra viene del latín jejunus que en origen significa ‘vacio, hambriento’. De modo que des–ayunar, es eso… quitarse lo hambriento; mientras que andar en ayunas, es el desconsuelo de pasar largas horas con la panza vacía.

Lo más entendido es que el desayuno es un alimento ligero, un juguito con un pan o alguna fruta, muy poco para quien amanece con hambre de león. Por eso muchos hoy prefieren almorzar, acción que guarda la expectativa de quedar ‘‘con el tanque lleno’’ después de dar cuenta de unos chilaquiles con sus frijolitos, de un machacado con huevo o de alimentos igualmente pesados dependiendo de los gustos y la región.

Almuerzo tiene su origen en la voz latina admordium, formada de ad morderé (morder), por lo que literalmente significaría ‘mordisco’. Contrario a lo que hoy se entiende, el almuerzo primero fue un tentempié mañanero, como decir ‘‘una mordidita de algo para calmar el hambre’’. Hoy la hora del almuerzo puede variar de pueblo a pueblo, en algunos es comida mañanera mientras que en otros, como en Mérida, es lo que se come cerca del mediodía.

Ya avanzado el día, cuando ha pasado el efecto del desayuno o el almuerzo, el hambre vuelve a aparecer y avisa que es hora de la comida, llamada así por ser el momento de comer ‘‘en serio’’, la comida principal del día. En latín, el verbo edere significaba ‘comer’ y luego se dijo cumedere, para intensificar el acto. De esta forma nació nuestro verbo comer.

A media tarde, hay quien gusta de merendar. Para variar, la palabra también procede del latín. En esta lengua merendus, que significa ‘merecimiento’, era el alimento que, como premio, se daba a los animales y a los esclavos cuando terminaban su jornada de trabajo. Después, nadie quiso quedarse al margen de este merecimiento y ahora, aún sin merecerlo, todo mundo quiere merendar.

Ya en la noche, sigue la cena. Esta palabra, en latín era co–ena, derivada de co–edere, con el sentido implícito de ‘comer juntos’, puede entenderse que era en la noche cuando, por el frío y la falta de luz, toda la familia se reunía en casa y aprovechaban para cenar juntos. Un verdadero momento de convivencia familiar.

Sin cuidar la formalidad, en México algunos dicen ‘voy al pipirín’, para decir que van a comer. Este pipirín, es una herencia del náhuatl, ya que se derivó de la palabra pipitzoa que significa mordida o mordisco. ¡Qué curioso! Lo mismo que el almuerzo latino.

En otras circunstancias se habla de la hora del lonche. Aunque esta palabra la tomamos del inglés lunch, es muy probable que en esos curiosos rebotes que tiene el lenguaje, lunch tenga origen en el español lonja, a su vez derivado del latín longus que significa ‘largo’; esto en alusión a unas tiras largas de carne y grasa que se consumían para soportar las largas jornadas de trabajo.

Bueno, ahí la dejamos porque supongo que a más de uno, ya se le despertó el apetito, que por cierto viene del latín appetere que significa ‘‘desear, tratar de conseguir’’… aunque sea unos tacos.
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