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2021: AÑO… ¿NUEVO?Por: José Francisco Gómez Hinojosa Siete PuntosJueves, 31 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

1. Hoy por la noche, aunque sin la algarabía de otras ocasiones, nos diremos, nos gritaremos -ojalá a través del teléfono o de una videoconferencia-: ¡Feliz Año Nuevo! Quizá nunca como en este 31 de diciembre nuestros deseos serán más sinceros. En verdad queremos que nuestros seres queridos y, de paso, nosotros mismos, vivamos un 2021 muy diferente al año que termina. Y es que la pandemia trajo consigo un raudal de muertes, enfermedades, desastres económicos y alteraciones psicosociales, … 

2. … todas situadas en este 2020, que el anhelo más repetido es ver ya el final del año. Y acostumbrados como estamos a valorar en grado sumo lo matemático, quizá imaginamos que el solo cambio de número va a traer consigo una modificación tan substancial, en nuestras actitudes y horizontes, que viviremos los próximos 12 meses saliendo por fin de esta pesadilla. Cuidado. El nuevo año lo será en la medida en que nosotros lo construyamos diferente. No hay mutaciones cualitativas que sean automáticas ni mecánicas. 

3. El Papa Francisco, en su reciente libro Soñemos juntos, nos acaba de alertar (pp. 46-47): “La gente con más interés en mantener la manera actual de hacer las cosas está haciendo justamente eso, tratando de conservar el mismo modo de hacer las cosas. Hay líderes que hablan de hacer algunos ajustes, pero básicamente con el mismo esquema. Cuando hablan de ‘recuperación’, lo que quieren decir es barnizar un poco más el futuro, darle unas cuantas pinceladas acá y allá, pero esencialmente asegurarse de que no cambie nada”. 

4. En el mismo texto, y después de invitarnos a no repetir protocolos para encontrar los mismos resultados, Bergoglio se muestra propositivo. Nos convoca a ir a la periferia para tener un mejor contacto con la realidad -porque, aunque no lo queramos reconocer, los pobres existen, y son mayoría-; a respetar la creación, devastada lo mismo por el neoliberalismo que por los populismos; a superar tres virus igualmente asesinos: el narcisismo, el desánimo y el pesimismo; a mirar más allá de nuestra miopía existencial, que nos hace… 

5. … elegir selectivamente lo que vemos. No repitamos esquemas, no busquemos volver a lo conocido por el miedo a arriesgarnos. Aventurémonos y atrevámonos a construir un mundo diferente, en el que ya no priven la especulación y el enriquecimiento de unos a costa de otros, en el que no arrasemos con el medio ambiente para lograr nuestros propósitos egoístas. Una sociedad en la que respetemos los derechos de los demás, sabiendo renunciar a algunos de nuestros deseos. Un mundo fraterno, misericordioso, bello. 

6. En el epílogo, el Papa argentino nos invita a preguntarnos: ¿ahora qué debo hacer? ¿Cuál podría ser mi lugar en este futuro y cómo hago para hacerlo posible? Y responde rematando con dos invitaciones: descentrarnos y trascender. Analizar en qué cosas estamos centrados, y discernir si conviene que abramos las puertas y ventanas de nuestro corazón, de nuestros proyectos. Y salir de este laberinto en que hemos convertido nuestro mundo para que, como peregrinos, tengamos claro hacia dónde vamos. ¡Feliz año!, entonces. Hagámoslo nuevo. 

7. Cierre ciclónico. Los empresarios se quejan, quizá con razón, de que son maltratados por la 4T. Ahora que se les ha autorizado comercializar la vacuna contra el COVID, tienen la oportunidad de demostrar la falsedad de lo que se les acusa: enriquecerse a costa de los pobres. Ojalá, sí, recuperen su inversión al vender la vacuna, pero que ojalá también no intenten lucrar con la salud y la vida de los más vulnerables en esta emergencia. De ser así, estaríamos como antes: con medicamentos tan caros que sólo algunos podrán comprarlos.

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