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Vota con valor Por: Armando Arias AmbulandoMiércoles, 2 de Junio de 2021 02:00 a.m.

Vivimos tiempos en los que la carencia de valores fundamentales es común, además de que los comportamientos individuales son guiados por ideas, o axiomas a los que se les ha concedido un valor que no corresponde a las mejores costumbres o prácticas sociales. Los valores son como esos límites que clarifican los comportamientos, la forma de vida que manifestamos en cada momento. 

Cuando esos límites no están bien definidos ni en concordancia con las buenas costumbres, con la moral y la ética, estamos a merced de la libertad mal entendida que colisiona con la del semejante que se ha olvidado de vivir tendiendo conciencia de alguien más que el mismo. Y es que el egoísmo, el hedonismo y la búsqueda de satisfactores equivocados para necesidades profundas dada nuestra naturaleza humana, se ha adueñado de la voluntad de quien manifiesta su existencia en cada acto de su vida. 

Y este proceso individual se suma hasta crear conciencias y costumbres comunitarias, haciendo que aquello se convierta en lo usual, en la norma, en lo normal, sin importar si su esencia es buena. Esto ocurre hasta el punto de que lo que es bueno, lo que se rige por valores inamovibles básicos cambie su lugar en la percepción de todos con aquello inmoral y se le vea como extraño, anormal e incluso como malo, dañino e inviable.

Escucho con frecuencia frases que suelen ejemplificar estos fenómenos sociales: se le dice a alguien que le "va muy bien" cuando sus riquezas son notables, sin importar la forma en la que las haya generado ni el modo en el que vive su vida en lo social, en lo familiar o en lo laboral. Se atribuye valor a la riqueza por sobre todo lo demás, y se justifica el tener a costa del ser y del hacer. Al que triunfa le atribuimos cualidades que justifican sus actos por inmorales que estos sean. "Hay que defender lo que se tiene aunque se haga lo que se tenga que hacer". La competencia para lograr el reconocimiento siendo el triunfador perdona las formas en las que se triunfa, así que si hay que corromper a alguien para obtener un contrato o si hay que intimidar a otro para pasarle por encima es algo que justificamos al calificarlo como una práctica necesaria dadas las circunstancias, es seguir las reglas del juego que prevalecen. 

En algún momento cedimos como personas y como sociedad a este marco de referencia para nuestros comportamientos y olvidamos que siendo seres sociales nuestro bien personal está intrínsecamente ligado al bien de nuestros semejantes. La práctica de la democracia nos da espectáculos lamentables de un grupo de partidos que busca engañar de manera inmoral a quien no se interesa por darle importancia suficiente a un proceso tan trascendente como lo es elegir líderes y gobernantes. La verdad simplemente no figura, el juego del engaño y la confusión busca manipular en lugar de convencer y de apelar a la voluntad por las vías morales y éticas sin importarle a nadie, y calificando el proceso como uno acostumbrado. 

Pero en el fondo, aunque algunos jóvenes filósofos materialistas lo nieguen, la naturaleza humana que es buena, prevalece. Respondamos al llamado de la democracia desde nuestra naturaleza humana buscando el bien, la verdad y el bienestar de todos, siendo responsables y ejerciendo nuestro derecho a elegir a través de nuestro voto informado y dejemos a un lado todo lo que no enarbole los valores y los ideales que vale la pena cimentar en nuestra sociedad, que hoy reclama una guía de valores trascendentes y auténticos que acompañen su futuro. Sal a votar este próximo domingo y haz vida tus valores.

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