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La inutilidad de la queja Por: Javier Gutiérrez El momento presenteMartes, 16 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

En días pasados me enviaron una frase que decía: el 90% de las personas se la pasan quejándose y el 10% estamos hartos de estas quejas. De tal forma que, con esta frase anterior, nos hace ver que todos nos la pasamos quejándonos cuando la vida no es como queremos que sea, y eso, sucede, muchas veces.

Pero yo creo que ese 10% no es real, yo le daría un 9% ya que, por supuesto que hay excepciones, hay personas proactivas y optimistas que nos inspiran con su capacidad, innata o aprendida, de usar toda experiencia desagradable como composta para cultivar una mayor fortaleza.

Pero veamos qué se puede entender por queja inútil, para no confundir términos, cuando comento que la queja no ayuda, no me refiero a no denunciar ante las autoridades competentes un caso de abuso familiar que estemos viviendo, por ejemplo. 

O no me refiero a no poner de manifiesto ante las instancias correspondientes el mal procedimiento de las autoridades. Incluso no me refiero por supuesto a no expresar de una forma puntual cuando deseamos que alguien nos respete.

Todo lo anterior es útil y necesario. Cuando me refiero a la inutilidad de la queja, me refiero a las personas que se la pasan refunfuñando en cómo deberían de ser las cosas, o las personas, cuando no son como quieren o necesitan que sean y no me estoy quejando de ellos, sólo estoy manifestando la diferencia entre ambas situaciones para resaltar la inutilidad de estas quejas.

No quiero decir con lo anterior que soy del 1% que transforma en el momento toda situación en abono para su crecimiento, puesto que es común, cuando no estoy atento al momento presente, lo que me sucede frecuentemente, que caiga en esos dimes y diretes de cómo deberían de ser las personas o las situaciones.

Pero cuando me doy cuenta de la energía tan necesaria y preciada que estoy desperdiciando con ello, suelto a ese juez interno, y me vuelvo testigo de dicha situación para aprender de ella y haciendo esto frecuentemente, cada vez vive menos en nosotros el personaje amargado, que de todo y de todos se quejan.

De tal manera que la propuesta es: evitar desgastarnos en quejarnos inútilmente de todo aquello que no es como queremos o necesitamos, si no vamos a proceder en hacer algo para cambiarlo. 

Por ejemplo, quejarnos de nuestro vecino ruidoso con nuestros hijos o pareja, diciendo que es una persona de pocos valores, insensible, etcétera. Y no llamamos a las autoridades para que vengan a reprenderlo. 

Ya que, si no denunciamos, sólo estamos haciendo pasar un mal rato a nuestros familiares por un lado y por otro, estamos generando un estado de malestar totalmente inútil.

Hasta el siguiente momento presente.

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