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Exfuncionarios penitenciarios exigen al estado ser reincorporados en sus cargos

Febrero 12, 2020 / Iram Hernández / MONTERREY Gregoria Salazar y Jesús Fernando Domínguez, exdirectivos penitenciarios, mantienen un proceso legal donde piden ser reinstalados en sus puestos y el pago de salarios caídos
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Los exdirectivos penitenciarios Gregoria Salazar Robles y Jesús Fernando Domínguez Jaramillo pasaron de ser autoridades encargadas de la administración de las cárceles de Nuevo León a estar tras las rejas, luego de que fueron imputados por la Fiscalía como responsables, por omisión, de los hechos violentos en el penal del Topo Chico en febrero de 2016.

A cuatro años de la masacre y la privación de su libertad por casi tres años, Salazar Robles (exdirectora del penal del Topo Chico) y Domínguez Jaramillo (exsubcomisario de Administración Penitenciaria), fueron exonerados de dichas acusaciones y se encuentran en un proceso legal, en el que piden su reinstalación y el pago de salarios caídos.

Tras la riña entre internos durante la noche del 10 y madrugada del 11 de febrero de 2016, que dejo un saldo de 49 muertos, los exfuncionarios fueron inculpados en un proceso, que aseguran, repleto de irregularidades por el delito de homicidio calificado como autores intelectuales y materiales por omisión del referido motín.

En una entrevista exclusiva con El Horizonte Gregoria Salazar Robles puntualizó que “obtuvimos una sentencia absolutoria y no fue porque alguien nos ayudará, bueno obviamente el trabajo de los abogados se hizo.

Y agregó “quisieron hacer ver que nosotros éramos el problema del Topo Chico o de los penales y claro que no, simplemente fuimos una respuesta a la sociedad del gobierno de decirles todo lo que está mal y aquí están los responsables... Y nosotros somos esa respuesta”.

Por su parte, Domínguez Jaramillo, manifestó que en ese caso el Comisario de Administración Penitenciaria, Juan Antonio Caballero Delgadillo y el secretario de Seguridad Pública de Nuevo León, Cuauhtémoc Antúnez, fueron quienes deberían de responder por tal incidente ya que Antúnez era el único con autoridad para ordenar la entrada de una fuerza policiaca mayor o pedir ayuda, sin embargo, no actuaron.

Apuntó que tras la reyerta e inacción de las autoridades de Seguridad Pública y de la Procuraduría, les pidieron realizar una ficha técnica por lo que a la mañana siguiente cuando se disponían a manejar la información a la Secretaría General de Gobierno, escoltas de la Procuraduría les dijeron que tenían que permanecer en las oficinas del Topo Chico y que posteriormente otro grupo de elementos entró con el argumento de que los llevarían a la Secretaría encabezada por Manuel González, pero, posteriormente llegaron elementos con una orden de aprehensión en su contra.

“Nos dijeron ya no puedes hacer una llamada por orden del procurador, incluso a la licenciada Gregoria la noche anterior le dieron una USB para que revisará una información, pero fue la excusa para retenerla en lo que planeaban ese movimiento.

“Ya después nos dijeron que había una orden de aprehensión en nuestra contra y nos sacaron y nos estuvieron dando la vuelta nos llevaron a ocultar a el aeropuerto, sin que nosotros supiéramos nada”, remarcó Domínguez Jaramillo.

Además, narró como fueron trasladados a celdas del Parque Alamey de la Policía de Monterrey, donde llevaba el proceso un abogado de oficio, de quién notó apatía en el proceso de su defensa, situación que liga a órdenes del estado y de la Procuraduría.

Refirió que esas acciones en ese momento jugó en su contra para que se generasen las carpetas que derivaron en su trasladado al penal de Nayarit, donde en el transcurso de su cautiverio llegó a Gómez Palacio Durango en calidad de “fantasma”, donde, aseveró, recibió tortura física y psicológica.

“No sabíamos a dónde nos llevaban en una camioneta cerrada y le pegaban por fuera y nos decían, ‘¿De dónde son?’ Y dije: de Monterrey. ‘Ha entonces son zetas los vamos a poner ahí con los golfos, para que vean cómo les va a ir.

“Nos bajaron y nos daban golpes en la espalda y nos azuzaban con perros rottweiler y otros de los grandes que trae el ejército, y ya después supe que estamos en Durango y que nos llevaban en calidad de fantasmas, por lo que dijo una de las personas que participó en el traslado”, destacó Domínguez Jaramillo.

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