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Entendiendo el valor humano

Enero 02, 2020 / MCS. Fernando Macías-Ramos / MONTERREY Valorar los deseos de las mujeres en nuestra vida personal y profesional es de suma importancia
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Lo primero que me preguntan mis amigos al decirles que estoy en un diplomado solamente con mujeres es "¿y están guapas?". Seguramente yo hubiera preguntado lo mismo y ahora entiendo que en gran parte por eso es que estamos como estamos. No voy a negar que yo soy exactamente igual; no puedo escuchar comentarios de una mujer porque inmediatamente pienso cosas muy diferentes a las que me están comunicando.

En cierta ocasión, durante vacaciones, mi esposa me dice que mire el ombligo de esa señora, volteé emocionado pues imaginé que iba a ver a un "mujerón" con bikini, pareo y un arete en el ombligo. Y lo que vi fue una señora con muchas cicatrices en el estómago, seguramente por cesáreas o cirugías que ha llevado en su vida. Vaya diferencia en cómo imaginé la información. No sé si sea por machismo, educación anticuada o por qué, sin embargo, está claro que ese no es el comportamiento que debemos tener hacia las mujeres ni hacia nadie.

Hace seis meses inicié un diplomado de inteligencia emocional con el objetivo de alinear mis sentimientos a mis pensamientos. Y la primera prueba de fuego que recibí fue: ser el único hombre del grupo. Las otras 15 personas son mujeres con diferentes edades y esperanzas muy de acuerdo a sus situaciones individuales. Pensé en salir corriendo, hablan mucho, expresan sus sentimientos en forma diferente, no puedes decir malas palabras o hablar con sarcasmo, y tus temas de interés no les interesan. En resumen me di cuenta que sus emociones y formas de percibir las cosas son totalmente diferentes.

Había entrado con el objetivo de ser mejor, de negociar con eficiencia y ser atractivo en el ambiente empresarial. Nunca entré para escuchar mujeres platicando de las diferencias con sus maridos, familiares o compañeros de trabajo. Así seguí durante los primeros dos meses, cansado de escuchar lo mismo y ver como cada palabra incluía mucho sentimiento, dudas a dar los siguientes pasos y muchas esperanzas en que las cosas puedan ser diferentes. Hablan de sus maridos, hijos y suegras. Nadie habla de lo que yo quería comentar, como la forma de hacer ‘networking’ y ganar grandes contratos y ganar mucho dinero. Había entrado con el objetivo de ser un gran empresario y no sucedió ningún debate en los temas que yo buscaba.

Qué bueno que me quedé en el curso, pues con el paso del tiempo me he estado poniendo “en sus zapatos” y veo mucha similitud con mi madre y esposa, quienes también tienen esperanzas, buscan sus propias grandezas y muchas veces se sienten opacadas por la actitud misógina que muchos hombres tenemos y seguimos viendo como algo natural.

Por: MCS. Fernando Macías-Ramos

Consultor en estrategias

fernando.macias@exatec.itesm.mx

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