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El público es de la voz... ¡de la fiesta brava!

Octubre 06, 2020 / @CABRITOMAYOR / MONTERREYPoco propicio el reinicio taurino por ahora; la reapertura sin público ayudaría a los grupos que buscan la muerte de las corridas de toros
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Monterrey.- En tanto, y gracias a las tecnologías modernas, tenemos en el ámbito de la actualidad algunas voces de aquellos "chaletas" que con un celular en la mano se lanzan al estrellato efímero de las redes sociales para mostrar la grotesca vanidad de su protagonismo para lanzar públicamente, y como medida de presión, reclamos sin soporte productivo alguno hacia los depositarios de este bien cultural para que se abran a la posibilidad de realizar corridas de toros sin público con la intención de ser transmitidas por diversas aplicaciones y plataformas, y así, tomando a la tauromaquia como botín de sus propios intereses, nutrir su necesidad para dejarse ver como si fueran eruditos y bastos conocedores dentro del arcoíris de expresiones y manifestaciones surgidas del ambiente taurino.

Sin embargo, y ante el desconocimiento total de todos los hilos que entretejen a esta industria -y en un afán de hacerse notar sobre el resto-, estos aficionados "chuflas" muestran su protagonismo escénico más allá de la verdadera importancia que tiene su papel fundamental como público espectador, y como si se tratará de unos sabios conocedores y "maestros" sobre el tema, se curan en salud emitiendo a diestra y siniestra sugerencias y recomendaciones en tonalidades de reclamo -y a manera de presión- hacia los actores de la industria, para empujar sus desesperadas propuestas para reactivar la actividad de esta industria lo más pronto posible, antes de que ésta, según ellos, se quede en el rincón de los olvidos.

Y a pesar del apremio de algunos, lo cierto es que el panorama actual luce poco propicio para la reactivación de la actividad taurina por una serie de factores, que más que abonar de manera positiva a la promoción de la fiesta de toros, pueden ser utilizados en su contra por parte de los movimientos y grupos de antitaurinos exportados y plenamente identificados que buscan la muerte de las corridas de toros, y con ello, no sólo el exterminio de una cultura generadora de una inagotable fuente de trabajo que derrama sus beneficios económicos en las comunidades y poblaciones a su al rededor, sino también en el ámbito ecológico, persigue incesante la desaparición de la especie de los toros de lidia.

En tanto, algunas otras voces en una evidente y clara demostración de desesperación e ignorancia, comparan a la fiesta de los toros con otras actividades y espectáculos de masas que se han comenzado a reactivar, como el futbol, el beisbol, el box, los cines, o teatros... y sugieren a la ligera la imitación de estos esquemas, es decir, la celebración de las corridas de toros sin presencia física en los tendidos de las plazas, sin medir las consecuencias de esta propuesta al atentar, no sólo en lo económico a las arcas de las empresas taurinas, sino en contra de la propia integridad y liturgia de la fiesta de los toros, que sin público en el tendido, evidentemente perdería su razón de ser al dejar de ser una fiesta de masas.

Además, la ausencia de público en los tendidos, sitio donde se desarrollan gran parte de los acontecimientos emocionales y la parafernalia de una corrida de toros, financieramente no funcionaría pues es ahí donde se sustenta una parte importante de la derrama económica que se genera a través de los consumos, y ante su ausencia, se causaría un fuerte agravio a las empresas organizadoras al no reportar ingresos por concepto de taquilla y venta de esquilmos, lo que le pegaría gravemente a la armonía financiera y productiva, condición indispensable para la celebración adecuada de los eventos.

Tan únicas e incomparables son las corridas de toros que históricamente se han identificado como un espectáculo democrático en donde la voz del público es claramente escuchada por diestros, ganaderos, empresa, autoridades y hasta políticos, que la mayor de las veces evitan su presencia para bien y para mal, pues marcan en cierto modo la atmósfera festiva o de rechazo en el rumbo que toma la corrida, donde además el público ejerce, una gran influencia en la opinión sobre los juicios de actitud y estados de ánimo en la vida pública de todos los actores para sus actividades cotidianas fuera de la plaza de toros. (Continuará)

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