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Hombres de bien: Don Rubén Leal Garza, toda una historia

Enero 13, 2021 / @CABRITOMAYOR / MONTERREYDon Rubén Leal Garza, a lo largo de su vida, se ha dado a la tarea de coleccionar, desde carteles taurinos, recortes de periódicos, hasta cajitas de cerillos con motivos taurinos
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Monterrey.- Apacible, bonachón, de charla amena, singular y simpático actuar, Don Rubén Leal Garza -con una vida entregada al trabajo honesto- ha dedicado los pasos de su andar a "la locura" de amar ciegamente a su familia, a su esposa, a su tierra natal Cadereyta y a su apasionada fiesta de los toros, lo que lo convierte en un ejemplar hombre de bien.

Y es que Don Rubén, de origen humilde, sencillo y trabajador, quinto en el orden de nacencia de la familia formada por Don Regino Leal y Delfina Garza, recibió al igual que todos sus hermanos -como orgulloso jimenense y desde temprana edad- el gusto y "la afición por la fiesta de los toros" que, como un legado histórico, le depositó su padre, un hombre de campo trabajador y fuerte que se dedicó al comercio como actividad de vida, para sacar adelante a todos los miembros de su familia.

Don Rubén, vecino desde pequeño de la emblemática plaza de toros de Cadereyta, de la que vivía a escasa cuadra y media, de la mano de su padre y de sus hermanos mayores comenzó a conocer y a enamorarse de la mágica atmósfera que brotaba del flamenco coso jimenense, cada día de fiesta en las ferias y festividades de su pueblo natal.

Descalzo, porque sencillamente así se vivía en la inocente infancia de aquel apacible y tranquilo pueblo, Don Rubén cursó la primaria en la única escuela del poblado donde, al terminarla, coincide con la instalación del "Colegio" de comercio y contabilidad, donde sus padres le inscribieron para así superar a sus hermanos en la instrucción de sus estudios.

Mientras su padre comerciaba todo lo que el campo jimenense producía, su madre Doña Delfina atendía a sus hijos, la tienda de abarrotes y carnicería que tenían en su propio domicilio; Don Rubén se preparaba como "profesionista en comercio y contabilidad" en aquella novedosa escuela técnica recién llegada su pueblo.

Finalizada su instrucción, Rubén de 15 años -en 1959- se dirigió a Monterrey a buscar empleo, tocando puertas, entregando solicitudes de trabajo con tan buena suerte que es llamado para trabajar en el Banco General de Monterrey, iniciando con ello una larga carrera profesional en la que entregó su vida por entero.

Don Rubén, que comenzó su carrera como los toreros, desde abajo, primero como asistente, luego al paso del tiempo se desempeñó como ejecutivo de cuenta, pasando por muchos puestos en el área comercial con enfoque a las relaciones públicas, lo que le ayudó a relacionarse y conocer a mucha gente, cambiando sus horizontes laborales en los bancos Multibanco Comermex, Bancrecer, hasta llegar a puestos directivos en el banco Afirme.

Siendo aún un joven ejecutivo, Rubén es bendecido por el creador o por el destino, al conocer al amor de su vida, Doña Martha Aguilar, con quien contrae nupcias en el año de 1971. Quince años después de iniciar su carrera en la banca, y a los 30 de edad, felizmente casado y con dos hijos en el hogar, Rubén comprende la importancia y la conveniencia de estudiar una carrera profesional para poder aspirar a puestos mejores, y en el año de 1974 ingresa al CEU, donde se titula de Licenciado en Administración de Empresas.

Sorteando las dificultades propias como empleado bancario, su empleo le permite continuar con su pasión por la fiesta de los toros y, aunque se desarrolla en la gran ciudad, Don Rubén nunca olvidó su origen ni hizo a un lado a su natal Cadereyta, comenzando a coleccionar todo lo relacionado con su pueblo y con la fiesta de toros. (Continuará)

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