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Hombres de bien: Don Alberto Baillères González; nobleza obliga

Noviembre 11, 2020 / @CABRITOMAYOR / MONTERREYDepositario histórico del legado cultural de la tauromaquia, como los toros bravos, se ha crecido al castigo de la incomprensión del público regiomontano, a pesar de las adversidades que su empresa, ETMSA, ha tenido que "lidiar" en forma de pérdidas millonarias para preservar con vida a la fiesta brava en nuestra ciudad
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Monterrey.- Recuerdo cuando pequeño, la prensa regiomontana hablaba no bien de él, y no por hacerse propietario de nuestra plaza monumental, sino por regentearla a control remoto a través de una larga lista de colaboradores que inició en la época de Licho Muñoz desde el centro del país.

En aquellos lejanos tiempos, la queja era por la escasez de festejos y, cuando se programaban, los carteles se confeccionaban de manera centralista desde la capital por quienes desconocían las necesidades de la afición y de la cantera local, la cual era despreciada y pocas veces se echaba mano de ella, y cuando esto ocurría, era para parchar, rellenar o sustituir puestos en los carteles previamente armados.

También es cierto que, por una extraña y a la vez afortunada disposición del destino, en aquellos años quienes se posicionaron como las más importantes figuras del toreo de la época de entre los años 60 y 70 eran regiomontanos: Manolo Martínez y Eloy Cavazos, quienes por sus propias cualidades y determinación se fueron por delante de los demás diestros, locales y foráneos, para lograr imponer sus condiciones, si es que querían ver sus taquilleros nombres colgados en los carteles.

Desde antes de aquellas épocas de gloria regiomontana, acaparadas por este par de colosos y por las dificultades naturales propias de la profesión, aunado a las aristas de la legua y el manejo de los toreros, es que a pesar del esfuerzo, la entrega y los pesares, muchos se quedaron en el camino: Américo Garza "Romerita", Joel Téllez "El Silverio", Fernando de la Peña, Roberto Ortíz "El Fotógrafo" y novilleros valerosos como Goyo Vilches, Julio Rivera, Pepe Bravo, Roldando Valle, Marcos Garza, Pedro de la Serna, Gilberto Murillo y muchos más.

La década de los 70 continuó generando, a base de pundonor, honor y honra, más toreros: José García "El Charro", Gustavo Garza, Mario Escobedo "El Regio", Benjamín Magallanes, Marco Antonio Alvarado, Fernando Manuel, Luis Fernando Núñez, Roberto Martín, José Angel Adame y muchos otros que vinieron a sumar al final de la década, y principios de la siguiente, otra camada de buenos toreros a la inagotable lista, como Enrique Garza, Alberto Galindo "El Geno", "Machaquito" Quiroga, Hernán Ondarza, Jaime Luna, Germán Garza, Alfredo Ferriño, Jesús Torre, Gerardo Guzmán, Edson y Hugo Galindo, Sergio del Alto, Daniel Galván y muchos otros que, a pesar de quedar aislados por el tiempo y la disminución de la efervescencia taurina, lucharon con denodado esfuerzo por sobresalir en el mundo de la fiesta de los toros.

Durante la última parte de la década de los 60, Don Alberto, además hombre de negocios en los sectores de comercio, minería, metalurgia, seguros y finanzas, entre otros, adquiere la Plaza Monumental, no para hacer de la fiesta un negocio más, pues todas las manifestaciones del arte que emanan de ella no tienen un precio, pero sí un gran valor cultural, histórico y formativo para la sociedad.

Mucha gente quizás no lo entendió así, sin embargo, con gran afición, sensibilidad y visión, después de convertirla en la primera plaza de toros techada en el mundo, a iniciativa de la gran afición de Don Alberto, por ella han desfilado desde la época de "El Cordobés", todas las máximas figuras del toreo mundial para ofrecerle a la ciudad la majestuosidad de la fiesta de toros y para continuar escribiendo con mucho sacrificio, pasión -y también pérdidas- esta majestuosa historia.

Tiempo después, y tras un prolongado bache en la primera parte de este siglo -que se tradujo en el abandono y evidente desinterés de los encargados hidrocálidos de administrar el inmueble regiomontano por celebrar festejos-, un nuevo equipo de colaboradores tomaron sus riendas para enaltecer sobre el dorado albero regiomontano el cariño tan especial que profesa Don Alberto para esta plaza.

Así pues, Pablo Hermoso, Diego Ventura, Gines Cartagena, Ponce, Juli, Morante, Talavante, Rocarey, Castella, Gines Marín, Perera, la plana mayor de los toreros españoles, con excepción de José Tomás y Manzanares, sin olvidar a los mexicanos Joselito Adame, Luis David, Saldívar, Macías, Silveti, El Payo y los regiomontanos El Bala, Juan Fernando, Enrique y Sergio Garza, han cubierto con grandeza las últimas seis temporadas taurinas de nuestra Plaza Monumental.

Don Alberto, poniendo por delante su gran afición y también una importante inversión, gestiona a través de su empresa ETMSA (Espectáculos Taurinos de México, SA de CV), la Monumental México en sociedad, las dos plazas de Aguascalientes (Monumental y San Marcos), El Nuevo Progreso de Guadalajara, La Plaza de León, Tijuana, Ciudad Juárez, Acapulco, Irapuato además de la plaza de toros de Córdoba en España.

Por si fuera poco, y como una muestra más de fervorosa pasión por la fiesta de toros -en México-, Don Alberto cuenta con las prestigiosas ganaderías de San Miguel de Mimiahuapan, Begoña y San Martín, mientras que en España es propietario y criador de las reses de Zalduendo.

Por distinguirse como un ejemplar hombre de negocios, filántropo e indiscutible hombre de bien, Don Alberto fue galardonado en el año 2015 por el Senado de la República con la Medalla Belisario Domínguez, además ha heredado su enorme pasión por la fiesta de toros a toda su familia, destacándose, entre ellos, su hijo Juan Pablo Baillères quien ahora lo acompaña y, porque "nobleza obliga", ha comprendido a cabalidad el compromiso y honor que por afición ha adquirido desde hace muchos años su padre como depositario histórico de este grandioso legado cultural que indiscutiblemente, gracias a él, no ha muerto.

Lamentablemente, frente a tanta majestuosidad, honor, esfuerzo y pérdidas económicas, la indiferencia e incomprensión de quienes se dicen taurinos y aficionados, ha sido la poco gratificante respuesta reflejada en los tenidos de las últimas corridas para celebrar la fiesta de toros en nuestra ciudad. Sin embargo, y a pesar de ello, en mi opinión, una manifestación de gratitud a la altura de este ejemplar hombre de bien, apasionado taurino y empresario visionario, podría estimular para continuar luchando para preservar la fiesta brava en nuestra ciudad.

Recuerde amable aficionado que, además de gratitud, nobleza obliga.

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